Mr. Contraintuitivo
sensación de seguridad psicología

Disfrutad la desescalada, porque la seguridad total no existe

Ahora que han anunciado que van a devolvernos a algo parecido a nuestras vidas anteriores al confinamiento en forma de desescalada, he visto actitudes encontradas.

Después de tanto tiempo encerrados en casa, es normal que tengamos sentimientos encontrados al volver a la “normalidad”. Tener miedo es normal, pero lo ideal sería no dejarse dominar por él.

Y como estoy aprendiendo que la psicología puede ayudar mucho a desarrollar el coraje necesario para tener eso en cuenta, he pensado en hacer una pequeña reflexión sobre la seguridad, la libertad y el miedo. Que van un poco unidas en estos días difíciles que nos toca vivir.

Nunca será 100 % seguro: la seguridad total NO existe

Según las “guías” de la Organización Mundial de la Salud, las personas como yo somos pacientes de riesgo en esta pandemia. Suscribe estas líneas uno con patologías respiratorias previas, que entramos en el selecto grupo de riesgo si enfermamos del virus chino.

Sin embargo, durante el confinamiento he mantenido una vida muy normal. Gracias a conservar mi trabajo y a mis queridos perros, he tenido un salvoconducto para poder salir de casa a diario. He visto el ánimo de la gente decaer día a día, y las miradas atemorizadas de los abuelos detrás de las mascarillas.

Sé perfectamente que yo, al igual que cualquiera, podría morir por esta enfermedad si se produce la fatalidad de que me infecte. Y que podría transmitirla a otros sin siquiera ser consciente. He leído sobre el tema, y estoy en estrecho contacto con médicos y sanitarios; una buena amiga ha trabajado en la UCI en plena pandemia (no salgo a aplaudirle a la ventana, pero le agradeceré su esfuerzo peleando por un gobierno y políticos decentes que le proporcionen medidas de protección la próxima vez).

Supongo que no tengo miedo porque tengo claro que la seguridad total no existe. Podemos lavarnos las manos, mantener la distancia y llevar mascarilla, claro. Pero incluso así, si nos despistamos un momento… tal vez nos infectemos. Y es que hemos visto que, a pesar del confinamiento, mueren cientos de personas a diario sólo en España. Y los contagios entre sanitarios, a pesar de que suelen llevar mejor las mascarillas y los guantes que el común de los mortales que usan la mascarilla hasta de visera. Da que pensar.

No hay forma de estar completamente a salvo. Es importante aceptarlo y seguir adelante

Esa idea de estar completamente a salvo de este virus es infantil y poco realista. Es normal que estemos preocupados si pensamos en que venga un virus desde Wuhan, nos infecte y nos mate en unas semanas. Sobre todo si la prensa nos bombardea todo el tiempo con noticias que buscan que leamos más, con titulares tipo ese-paciente-que-era-parecido-a-ti-ha-muerto-en-horribles-circunstancias.

Podrían centrarse en ofrecer a la población consejos y medidas contrastadas de prevención e higiene: por ejemplo, a no llevar la mascarilla de sombrero, o a no quitarse los guantes de cualquiera manera. Pero no, porque eso sería informar bien, y quizás no se leería tanto: habría menos clics, bajarían los ingresos por publicidad… en fin.

Lo cierto es que sabemos muy poco de esta situación en términos científicos. Es difícil hacer estudios sobre el uso y utilidad en la población general de guantes, mascarillas, distancia social e incluso lavado de manos. Si hacemos un estudio serio sobre el tema en un laboratorio, las conclusiones serán poco aplicables a la realidad. Y si observamos en un contexto natural, tendremos escaso control de las variables. Será difícil concluir lo que hace cada uno en su casa y la utilidad o seguridad de esto. La ciencia necesita más tiempo y recursos para dar respuestas solventes. Así de desprotegidos estamos.

Y por si a estas alturas no tenéis claro que el Estado no nos salvará ni tiene idea de lo que está haciendo, os dejo un fabuloso vídeo al respecto:

En un panorama así, en el que sentimos que no hay prácticamente nada que podamos hacer para protegernos, la psicología nos plantea varias rutas:

  • Entramos en el universo de las creencias: si no podemos explicar por qué se produce una situación, a menudo desarrollamos comportamientos supersticiosos que la justifiquen. Así, si no enfermo del virus chino, podría creer que fue porque cumplí todas las normas de los “expertos”. La paloma de Skinner también creía que aletear y girar sobre sí misma le traía la comida de forma milagrosa… pero no, no era maná caído del cielo: era fruto del “azar” planeado por el investigador. Son comportamientos supersticiosos que generan creencias peligrosas. Sin entrar a poner en duda nada, hagamos examen de conciencia: ¿quién ha buscado información rigurosa sobre si el confinamiento funciona? ¿Y el uso de mascarillas, guantes o distancia social? ¿Siquiera de lavarse las manos? Pues eso.
  • El pensamiento de la masa: si nos movemos en el mundo de las creencias, podemos caer en seguir el pensamiento de la masa, que nos mete en una trampa perturbadora. Nos volvemos policías de balcón, de mascarilla o vigilantes del estornudo ajeno, pensando que así nos salvaremos seguro. Como los monos que, sin tener ni idea de por qué, pegaban palizas a otros monos por intentar coger los plátanos. Nada tiene sentido, pero nos lo creemos: porque lo dice la prensa, las autoridades o “todo el mundo”. Insisto: ¿hemos investigado el confinamiento y sus resultados, mascarillas, guantes, etc.? ¿O hemos aceptado que es cierto porque nos dicen que es cierto? NO pretendo inclinar la balanza en una u otra dirección: sólo animar a la gente a pensar por sí misma. Hay que poner en duda todo, siempre. Es sano. Y útil.
  • Indefensión aprendida: si no caemos en nada de lo anterior, es posible que la conclusión sea un miedo a la tremenda vulnerabilidad en la que nos vemos, que puede hasta dejarnos paralizados. Pasamos a comportarnos de forma pasiva, porque sentimos que no podemos hacer nada para evitar la situación, así que ni nos defendemos. Sucede mucho en pacientes con depresión crónica, por desgracia.

Os podéis imaginar que hay una cuarta vía. La de aceptar que todos vamos a morir y la seguridad total no existe. Eso no significa que salgamos a la calle a toser a los abuelos o a Mr. Contraintuitivo, que es asmático. No tiene nada que ver con la imprudencia ni la estupidez. Os explico mi posición a continuación.

Los coches prohibidos, los cinturones y la seguridad

Está claro que, siguiendo la lógica de las “autoridades”, podríamos tomar decisiones muy “razonables”. Por ejemplo: si no queremos que haya accidentes de coche, podríamos prohibir los coches. Estamos de acuerdo que eso reduciría a prácticamente cero los accidentes pero… ¿tendría sentido? No. Lo sabemos todos. Necesitamos los coches para vivir con normalidad.

Con esto del coronavirus sucede un poco lo mismo. Como nadie tiene ni idea de qué hacer, prohibimos a todo el mundo salir de casa, que así seguro que la cosa se relaja un poco. Pero como los seres humanos tenemos la tendencia a anhelar la libertad, al cabo de unos meses la gente empieza a cabrearse. Así que nos dejan salir, indicándonos que seamos razonables y tomemos precauciones. Es decir: que no asumamos riesgos innecesarios.

Si uno viaja en coche, tiene sentido ponerse el cinturón de seguridad. Es cierto que en algunos raros casos llevarlo puede, de hecho, acabar con tu vida. Pero son los menos: tienes un 45 % más de probabilidades de salvarte si lo llevas puesto.

Como digo, mi actitud va en línea con eso. Está claro que no cuesta nada lavarse bien las manos, quedarse en casa si nos encontramos mal, o evitar toser en la cara a los demás. Ser inteligentes y cautos, pero sin obsesionarse. Quedar con la familia en un espacio reducido durante horas pero no darse un abrazo es una chorrada. Y también tiene un impacto muy negativo en la salud mental.

Y es que, si lo pensamos, si estamos en la misma sala y tocamos algo, lanzamos saliva al hablar o nos despistamos un segundo, ¡zas! Es posible el contagio. Y no hay forma de evitarlo, porque el riesgo cero no existe. Está bien tomar precauciones, claro que sí, pero sin caer en el pensamiento supersticioso de que cumplir las normas nos salvará con certeza. Eso sólo lleva a la histeria colectiva y, en mi opinión, a girar sobre nosotros mismos cual paloma de Skinner, haciendo un poco el tonto.

Si vas a esperar a que sea completamente seguro, paciencia. Porque va para largo

Como no existen escenarios de riesgo cero, es necesario que nos expongamos a la realidad. Todos podemos enfermar del coronavirus de Wuhan. En un encomiable ejemplo de honestidad y seriedad, Angela Merkel avisó a los alemanes de que tal vez hasta entre el 60 y el 70 % se infectarían. Esa es la cruda realidad.

En mi opinión, debemos asumir que ese es el escenario, a falta de un tratamiento o vacuna eficaces. Podríamos tener que esperar años a que llegase una solución y se crease un contexto de países completamente libres de la dichosa pandemia. También podría no llegar nunca, como hasta la fecha sucede con el VIH.

En ese sentido, creo que es necesario ser responsables y ponerse el cinturón de seguridad. Es decir, informarse y no incurrir en conductas suicidas o estúpidas, como ir lamiendo la fruta del supermercado, toser en la cara a los abuelos cada día, etc. Sentido común. Del mismo modo, tampoco me parece una buena idea renunciar a lo que nos hace tener ganas de vivir.

Por eso, os animo a disfrutar de la familia, los amigos, el aire libre o la vida misma. Hoy la tenemos, mañana no. Siempre ha sido así, con la diferencia de que este virus pincha con violencia nuestra burbuja de invulnerabilidad. Como cuando alguien cercano muere en un accidente de coche o le da un infarto, y de la noche a la mañana se cierra el telón. Y alguien suelta aquello de no somos nadie en su velatorio. Porque no sabemos ni qué decir.

Una vida completamente segura no tendría ninguna gracia. Podemos ser cautos, sí, pero sin necesidad de caer en comportamientos rituales. Sin dejar de ser personas por seguir a la masa, y sin entrar en pánico o indefensión aprendida. Con pensamiento crítico, poniendo las cosas en duda y perspectiva. Aplicando lo de memento mori, que hila muy bien con la terapia de aceptación y compromiso que tanto me apasiona: es imperativo que aceptemos que el riesgo, la muerte, son conditio sine qua non del hecho de vivir. Sólo así podremos relajar un poco esa tensión.

Si nos obsesionamos con crear ese escenario de falsa seguridad absoluta, sólo conseguiremos estresarnos, vivir menos intensamente y amargarnos un poco el día. Así que precaución con el virus chino, sí: pero que eso no nos deshumanice. Un mundo sin besos ni abrazos, sin familia, sin amigos, poseído por el pánico y sin libertad… a mí no me vale la pena, por muy seguro que sea. Tened cuidado, pues, pero tampoco en exceso. Un abrazo.

Comparte esto:

Mr. Contraintuitivo

Me llamo Jesús, y soy estudiante de psicología clínica. Me apasiona todo lo que tenga que ver con el desarrollo integral de personas como tú.

Aspiro a convertirme en un profesional capaz de ayudar a los demás en su crecimiento, generando un impacto profundo y positivo en sus vidas.

Precisamente por eso escribo este blog. Espero que te resulte útil lo que encuentres en él, y te agradezco que dediques tu tiempo a leerme.

4 comentarios

  • ¿Te das cuenta de que en África no hay ningún motivo de alarma por el co-vid?. Vivimos en primera persona el occidente de los débiles, idiotas y cobardes. Es el prerrequisito para la instauración del NOM. Así lo veo yo. Desde la perspectiva psicológica gran artículo, por cierto.

    • Tiempos difíciles para el viejo continente, especialmente con estos líderes. Me alegra que te guste el artículo, un abrazo grande Federico.

  • Intere”santísima” reflexión.

    Aunque puedo estar de acuerdo en la mayoría de los conceptos de tu artículo, hay algo que considero que debe tenerse en cuenta:

    Para aquellos que no tienen acceso a recursos (formación específica, laboratorio, material, etc. ) para realizar su propia investigación, o sea el común de los mortales, la única investigación que pueden hacer es dejar de escuchar a unos para escuchar a otros, lo que al final hace que entre en el terreno de las creencias también, ¿no?

    Salvo por esa puntualización, estoy totalmente de acuerdo con la idea general de tu opinión: no debemos hacer caso de quién muestra señales claras de no tener ni idea de lo que está haciendo, pero usemos el sentido común.

    Sin embargo, una de las cosas que está dejando claro esta situación es que ese “sentido común” no es tan común, ni está tan claro para todo el mundo. Lo que para unos es sentido común, para otros es absurdo.

    • Genial Lolo, gracias por pasarte 🙂 Creo que investigar pasa, a un nivel, por lo que tú dices. No obstante, en general creo que el común de los mortales (del primer mundo) no tienen tanta dificultad para acceder a datos si realmente quieren (Internet es de donde yo saco mucho, pero también, si nos ponemos, bibliotecas, vídeos, etc.). En fin, no sé, creo que tienes parte de razón, pero no lo veo como una excusa (y no digo que lo plantees como si fuese una excusa). Un abrazo y mucho sentido común, efectivamente, es lo que nos hace falta a todos en estos tiempos.