¡Voy a ser un psicólogo contraintuitivo!

No quería comentar nada en este blog personal hasta que estuviese 100% seguro. Pero hoy, por fin, ¡me han confirmado que podré convertirme en psicólogo contraintuitivo!

¿Por qué digo eso? Porque el curso que viene empiezo a estudiar psicología, con mención en psicología clínica y de la salud. Os podéis imaginar la ilusión que me hace 🙂

¿Por qué estudiar psicología clínica?

Desde que padecí en mis propias carnes un trastorno de ansiedad, empecé a hacer un trabajo de fondo para entender mejor este tipo de problemas.

Existe un montón de información sobre salud mental en Internet. No fue fácil separar el trigo de la paja, porque hay mucho espabilado que te vende la fórmula mágica para superar todos tus problemas, y que realmente está más bien detrás de sacarte la pasta.

Empecé por los muchas veces denostados libros de autoayuda, algunos de los cuales fueron útiles, y otros escasamente enriquecedores. Después, se me dio por consultar obras escritas por profesores de psicología y psiquiatras, mientras completaba mi propia terapia.

Fue entonces cuando me percaté de que ser feliz no es tan complicado, aunque uno tiene que poner de su parte para avanzar en esta vida.

Metí todo lo aprendido en una coctelera, y publiqué mi primer libro sobre psicología. Así, a lo loco, escrito por un outsider del mundo clínico: un paciente cualquiera con ganas de compartir lo aprendido en materia de desarrollo personal.

Estoy agradecido y sorprendido con el resultado, porque lleva desde que salió en el top 100 de psicología, y está teniendo un feedback genial. Invierto todos los beneficios en pagar parte de mi carrera, que hago en una universidad privada (ya que con mi trabajo no sería posible de otro modo).

Y es que en ese proceso duro de la ansiedad, aprendí un montón de cosas valiosas. La más importante: ayudar a personas con problemas de salud mental requiere un abordaje cuidadoso. Fue entonces cuando empecé a darle vueltas a la posibilidad de formarme desde la base.

Descubriendo mi misión personal

Para mí, es importante sentir que tengo una razón de ser. Una misión, un trabajo o un proyecto de vida, como queráis llamarlo.

En mis peores momentos, tuve la lucidez (o la suerte) de darme cuenta de que me hace sentir realizado ayudar a las personas a desarrollar su potencial y proyectos. Específicamente a los hombres jóvenes, a gente que se siente un poco traicionada por el mundo, que se ve fuera de juego y con una mala mano por jugar.

Os pongo el ejemplo de un amigo, que hace unos meses me confesó que maltrataba a su pareja. En tres meses de ponernos serios y a trabajar a tope juntos, ha pasado de ser un fumador de marihuana empedernido, sin trabajo y con ataques de ira… a recuperar su vida. Lo ha hecho él solito, porque es un grande.

Ahora ha dejado de fumar, tiene un trabajo a jornada completa y ha encontrado formas de reconstruir su vida con su pareja. De entenderse a sí mismo, y sentir que está siendo el hombre que le gustaría ser.

Como digo, su mérito es haber tenido los arrestos para pedir ayuda y transformarse. El mío, apoyar a mi amigo sin juzgarle, frente a un discurso social que lo condenaría sin valorar sus circunstancias. Y ofrecerle estrategias y herramientas para el cambio. De mi formación como maestro me quedo con ese papel de mediador, que ahora aspiro a perfeccionar como profesional de la salud.

Mi misión es facilitar ese cambio. Convertirme en un engranaje que mueva a otros. Bajar con la gente a sus infiernos, y pelearnos a muerte con lo que haga falta para que logren salir de allí. Eso me llena.

Empezar una carrera a los 31: no se puede “tratar de oído”

Otra de mis grandes pasiones es la música, aunque ya no toco tanto como solía.

En ese mundo, existe el concepto de “tocar de oído”, que hace referencia a las personas que dominan un instrumento sin saber nada de lenguaje o teoría musical. Hay abundantes casos de maravillosos músicos con escasa formación (Pavarotti, por ejemplo).

El tema es que, en el ámbito de la salud de las personas, opino que no se puede “tratar de oído”. Por eso en mi libro me guardo tanto de dar consejos clínicos: no soy un profesional de la salud (¡por ahora!).

Así que no me gusta nada cuando veo la figura del coach o terapeuta… formado en la universidad de la vida. No me daría confianza con un médico, cirujano o fisioterapeuta. Mucho menos con la salud mental, que es un campo con pocas certezas y un montón de incógnitas. Así que decidí estudiar todo lo posible, aunque al final seré un psicólogo, coachinfluencer. O algo así 😀

Y ojo, que no digo que estudiar una carrera garantice que tengas idea de nada. ¡Claro que no! Pero, sin lugar a dudas, en un sistema de salud garantista como tenemos en España, es una forma estupenda de establecer un estándar mínimo para proteger a los pacientes.

¿Demasiado mayor para empezar en esto?

Reconozco que es la primera vez en mi vida que me siento un poco mayor para empezar algo.

Tengo 31 años, así que acabaré la carrera con 35. Luego tendré que hacer un máster de psicología sanitaria hasta los 37, y podré empezar a ejercer a los 38. Si me aplico de forma increíble, quizás a los 37.

Por encima, la carrera me va a costar unos 12.000€. Vale que en el camino quiero sacarme otros títulos que me permitan ir haciendo cosas… pero es que no sé si algún día llegaré a ejercer.

Con todo, la ilusión de convertirme en un psicólogo contraintuitivo, con ganas de aportar lo mejor de mí mismo, me ha movido a hacer esto aunque dé mucho vértigo. Porque, como diría Peterson, uno no debe renunciar a hacer lo que deba hacer cuando corresponda.

Aquí estoy, empezando otra carrera a los 31 que cuesta una pasta, y que ni siquiera sé si voy a ejercer. En todo caso, estoy seguro de que la voy a aprovechar. Me dará perspectiva sobre mí mismo, para al menos compartir en mi entorno y quienes me leéis por aquí.

Es genial cultivar esa ilusión. Plantar la semilla hoy, a ver si crece dentro de unos años. Lo importante son los procesos y las motivaciones: los buenos resultados son un extra.

Y es que mi desarrollo como persona es mi responsabilidad, aunque dé miedo empezar. Así que aquí estamos, de nuevo como estudiante. Ya os contaré qué tal me va, qué malabarismos de vida hago para sacar todo esto adelante, y lo mucho que aprendo. Un abrazo.

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