Mr. Contraintuitivo
esta mascarilla es tan inútil como mi gobierno

¿Por qué no funcionan las mascarillas? Evidencia vs totalitarismo

Después de bastante tiempo inmersos en esto de la pandemia global, me he decidido a escribir un artículo sobre por qué no funcionan las mascarillas como medida contra el COVID-19.

Se da la casualidad de que, a título personal, cuento con una exención médica que me ha permitido no llevar mascarilla antes, durante ni después del confinamiento. Es cierto que alguna que otra vez me la pongo, sobre todo cuando no me apetece aguantar a covidiotas o justicieros ambulantes (además de algún que otro policía – por cierto, hasta ahora bastante maleducado en su trato a este ciudadano raso -).

En medio del miedo al coronavirus y la pandemia de problemas de salud mental que ha traído, mi perspectiva como habitante de España es que algunas medidas que se están tomando son escasamente eficaces desde el punto de vista científico.

Antes de meterme en el saco de los negacionistas, os diré también que para nada niego la existencia del COVID-19. No pretendo deciros que no os lavéis las manos con cuidado, ni que tosáis a la vecina en la cara. Nada más lejos de mi intención. Esas medidas eficaces y avaladas por la ciencia las practico a diario lo mejor que sé.

Sin embargo, me encuentro con que cuando expongo mis críticas a las medidas que no tienen ese aval en cualquier entorno social (salvo grupos muy reducidos que, qué cosas, están llenos de médicos), existe una aprobación masiva y automática de las mismas. A pies juntillas, siguiendo al gobierno como quien sigue al mesías.

Es como si la intención fuese que existiese un pensamiento único. Una única actitud y respuesta válida frente a un problema muy complejo. Como si no tuvieses derecho a discrepar, expresar otro punto de vista crítico o, directamente, fueses un delincuente por no llevar la dichosa mascarilla.

Como si no tuvieses libertad de expresión. O siquiera, qué locura, a estar en lo cierto aunque seas minoría (¡o equivocado!). La mascarilla parece estar cumpliendo su función de tapar la boca del que discrepa.

Hubo una época en la que se acusó hasta a los pobres perros de ser portadores de COVID-19

Las razones de mi artículo sobre por qué no funcionan las mascarillas frente al COVID-19

A diferencia de esas voces que me he encontrado, me gustaría tener un enfoque abierto, que me parece más propio del método científico. A día de hoy, titulo esto por qué no funcionan las mascarillas frente al COVID-19, aunque otro buen título sería por qué no existe evidencia clara de que las mascarillas funcionen frente al COVID-19.

Lo digo porque, si queréis ahorraros la lectura, la versión breve de este artículo se resume en esta idea: no existe evidencia científica clara y seria que demuestre que las mascarillas son eficaces para el COVID-19 y, por tanto, indique su uso, especialmente en espacios abiertos.

Es decir: que están legislando (por lo menos en España) de manera poco rigurosa, temeraria y totalitaria. Y eso es algo que, en mi opinión y desde mis valores, es preciso rechazar frontalmente. De ahí estas líneas disidentes.

Por supuesto, quizá mañana surjan nuevos estudios, más amplios y válidos, que me hagan cambiar de idea. En ese fluir, en ese constante progreso y duda, se mueve la ciencia de calidad y el pensamiento crítico. Si lo pensáis con detenimiento, la cantidad de veces que el conocimiento establecido y aceptado era limitado y contraproducente es brutal. Eppur si muove.

Pensad en la medicina en la Edad Media. Pensad en las personas que tuvieron que, literalmente, morir por la ciencia. Muchas veces, el pensamiento de unos pocos y condenado por la mayoría resultaba, de hecho, acertado. La actitud abierta y crítica resulta sana e imprescindible.

Por desgracia, en mi opinión, al menos en España nos movemos en un terreno:

  • En el que los “medios de comunicación” insisten en que sí, funcionan. Y deciden lo que es un bulo y lo que no. Nos dicen cómo pensar, vaya.
  • El Gobierno nos bombardea con que hay que usarlas, y nos multa, pero aporta cero evidencia científica en sus guías oficiales.
  • La gente de a pie es un mar de dudas. Y con razón. Ante la duda, actúan por miedo a represalias.

Y qué vengo yo, ¿a daros la verdad? En absoluto.

Me gustaría expresar una visión basada en la información que manejo. Y, de paso, hacer una crítica a las medidas draconianas que se han tomado en España, que son de las más restrictivas del mundo. Y dejar claro que las mascarillas no sirven para protegeros, al menos según los datos que presento.

¿Funcionan las mascarillas? Un vistazo más allá del miedo al COVID-19

Como digo, me sorprendía muchísimo que se tomasen medidas tan drásticas, masivas y contrarias a la libertad de las personas sin un fundamento científico muy sólido.

Cuando digo drásticas, me refiero a medidas que tienen un impacto importante y que sí podemos contrastar. Supone mirar más allá del COVID-19: ¿qué consecuencias tienen en nuestra salud mental los encierros y las distancias sociales? ¿Y en el desarrollo de los niños?¿Y en la economía? Algunos ejemplos:

  • Un estudio revela que los americanos son, en 2020 y en pleno confinamiento, hasta 8 veces más tendientes a dar positivo… en falta de salud mental por ansiedad y estrés. No de estar nervioso: de la de medicar e ir a terapia.
  • También parecen estar disparándose los casos de brotes psicóticos (¿posiblemente trastornos concomitantes a una depresión y/o ansiedad?).
  • Tuvimos a los niños confinados, al menos en España, durante meses. ¿Creemos de verdad que podemos criar a niños sanos con mascarilla y distanciamiento social, sobre todo de sus familias? Os dejo un interesante artículo tipo reflexión de la revista Time al respecto.
  • Estamos dejando de tratar y operar enfermedades potencialmente mortales debido a que se ha paralizado todo el sistema sanitario para atender el COVID-19. Tened en cuenta que:
    • De COVID-19 oficialmente han muerto 762.000 personas en todo el mundo.
    • De cáncer y SÓLO en Estados Unidos, 605.000 morirán en 2020.
    • En accidentes de coche se nos irán 1.350.000 por año.
    • Hablamos de millones de personas cada año en todo el mundo. Sin restarle gravedad, pongamos la pandemia en perspectiva. Si con el COVID-19 hacemos esto, ¿qué deberíamos hacer con lo demás? ¿Dejamos de andar en coche? Seguro que nadie moriría en accidentes entonces, ¿verdad? No, porque, como sucede en este caso…
  • Las pérdidas económicas son milmillonarias a escala mundial. Y no están justificadas, nos pongamos como nos pongamos, en comparación con otras causas de muerte. ¿A que no dejaremos de viajar en coche, avión o barco a pesar de los datos? La pasta manda. Por eso no está habiendo segundos confinamientos. Nos hemos dado cuenta de que o morimos de COVID-19 o morimos de hambre, por así decirlo. Es inviable el nivel de vida que tenemos y paralizar todo.
  • Y es que en el mundo occidental tenemos estímulos, pagas y demás. En otros países, no. Un informe de Oxfam (no es lo más riguroso, pero sí representativo), habla de más muertes por hambre por causas relacionadas al COVID-19 que por la propia enfermedad. Más allá de nuestro pequeño ombligo occidental, hay un mundo de personas que pagan la factura de cortar el círculo virtuoso del capitalismo.

Y por si alguien me va a salir con lo de que esto es consecuencia de cómo hemos gestionado en el pasado, os dejo un brillante vídeo del Profesor de Psicología de Harvard Steven Pinker, considerado uno de los intelectuales más influyentes de nuestro tiempo sobre lo bien que vivimos gracias al capitalismo:

A lo que voy es que, sin siquiera entrar en por qué las mascarillas no funcionan, lo que sí podemos concluir con mucha contundencia es que estas medidas son lesivas para la humanidad. La historia nos dirá si valieron la pena. Pararemos el COVID-19, tal vez. Pero… ¿a qué precio? ¿Deberíamos explorar otras opciones?

Lo que dicen los estudios de prestigio es que falta evidencia para recomendar las mascarillas

Abundando en el asunto, os voy a presentar fuentes de muchísima calidad y una de poca, pero que se cita mucho, para que podáis ver más información sobre por qué no funcionan las mascarillas frente al COVID-19. Os cuento:

  • La primera de ellas es la revista Nature, con este extenso estudio sobre coronavirus, influenza y rinovirus. Este estudio no llega a prescribir mascarillas para todo el mundo. Cito textualmente: this [study] has important implications for control of COVID-19, suggesting that surgical face masks could be used by ill people to reduce onward transmission. Traducido: este [estudio] tiene importantes implicaciones para el control del COVID-19, sugiriendo que las mascarillas quirúrgicas podrían ser utilizadas por personas enfermas para reducir la futura transmisión. No dice “todos los sanos, hijos de vecino y hasta el ermitaño que vive en una cueva debe llevar mascarilla”. Dice que podría ser útil en los enfermos. Enfermo no es lo mismo que sano, claro.
  • La segunda fuente es la Revista Internacional de Epidemiología, considerada por muchos el máximo referente en estos asuntos. Con este otro estudio, que analiza además factores del alcance social, la eficacia de que lleve mascarilla todo el mundo, etc., aporta también datos clave. Cito: widespread, proper use of facemasks, when coupled with comprehensive health education campaigns and other personal and environmental hygiene measures, may help to mitigate the COVID-19 epidemic, but may not be necessary nor cost-effective in low-risk areas where sustained human-to-human transmission is yet to occur. Instead of dismissing the potential value of facemasks based on the lack of evidence, further RCTs and cost-effectiveness studies should be conducted swiftly to clarify the controversy. Traducido: el uso generalizado y adecuado de mascarillas, cuando se combina con campañas integrales de educación para la salud y otras medidas de higiene personal y ambiental, podría ayudar a mitigar la epidemia de COVID-19, pero tal vez no sea necesario o no valga la pena en áreas de bajo riesgo, o donde la constante transmisión entre personas no se haya dado. En lugar de descartar lo que podrían aportar las mascarillas basándose en la falta de evidencia, deben realizarse más ensayos clínicos aleatorizados y estudios que aclaren lo antes posible la controversia. No afirma que esta sea útil en lugares públicos, sino que su relativa eficacia en colectivos sanitarios no se está traduciendo a la población general. Se pregunta, pues, si podremos conseguir que la gente “se ponga bien” la mascarilla. Y pide más estudios serios para aclarar las dudas. No establece que sea posible educar a la gente a tiempo, ni que valga la pena imponer la mascarilla en todas partes. Insiste en que hace falta más investigación para llegar a conclusiones. Y que lo mismo nos compensa intentar otras cosas. Punto.
  • La tercera fuente, la Organización Mundial de la Salud (OMS), dice en su última guía oficial (y cito): At present, there is no direct evidence (from studies on COVID-19 and in healthy people in the community) on the effectiveness of universal masking of healthy people in the community to prevent infection with respiratory viruses, including COVID-19. Traduzco: en la actualidad, no existe evidencia clara (de estudios sobre COVID-19 y en personas sanas de la comunidad) sobre la efectividad del uso del uso universal de mascarillas en personas sanas en la comunidad para prevenir la infección por virus respiratorios, incluido el COVID-19. Creo que se puede decir más alto pero no más claro. Cuando el Gobierno y la prensa os digan que el tema de llevar mascarilla viene de la OMS, como si eso fuese alguna autoridad, sabed que no es cierto. Lo que recomiendan es lavarse las manos, distancia social, rastreo de contagios, evitar aglomeraciones. Pero no la mascarilla en personas sanas. Entonces, ¿por qué la llevamos?

En mi opinión, porque quienes nos gobiernan no tienen la capacidad de aportar soluciones. Hablo mucho de izquierda, pero voy de izquierda a derecha. ¿O habéis visto acuerdos serios y esfuerzos coordinados para gestionar este tema? ¿Han podido aportar su visión los sanitarios? ¿Los veterinarios? ¿Los biólogos? ¿Los científicos, etc.? Ni de broma. Son decisiones políticas.

Lo que nos dice nuestro gobierno se resume en la siguiente infografía (extraída de aquí). Veréis que abajo dice consulta las fuentes oficiales para informarte. Suerte encontrándolas, porque yo he rastreado la web e incluso su guía oficial, y cero referencias.

Como dice la Revista Internacional de Epidemiología: antes de legislar, menos vacío científico.

O, como diría Jordan Peterson: read more. Find some evidence. Leer y buscar estudios. No hay otra manera si el objetivo es proteger a la población. Mientras tanto, si tienes más de seis años, con estudios científicos o no, la vas a llevar o te multo. ¿Por prudencia? No. Por ignorancia.

¿Y existen estudios que apoyen la tesis de no llevar mascarillas?

Además de los que he añadido arriba, por tener información que integre a todas las partes, desde luego que hay abundantes voces que explican por qué no funcionan las mascarillas.

Me gustaría aportaros una batería de estudios de máxima calidad, que significa ensayos controlados aleatorios y revisiones sistemáticas. Y digo máxima calidad porque son los más indicados para diagnosticar o prescribir un tratamiento o medida.

¿Os acordáis del famoso Tamiflu? Nos gastamos un montón de pasta movidos por el pánico a la gripe aviar. Al final, la historia nos dice que fue un derroche y un error. Todo por actuar movidos por la mala ciencia, la prensa y la mediocridad de quienes tomaron las decisiones (que no fueron rigurosos, como no lo están siendo ahora). Y el miedo: mucho miedo. En esta charla TED se explica muy bien la perversa dinámica:

Debido a eso, me gustaría aportaros ensayos clínicos controlados y revisiones sistemáticas que nos permitan asomarnos a realidades sobre el uso de la mascarilla.

Fijaos que son estudios en ambientes clínicos, donde la usaban trabajadores que tienen una formación específica para ello, y ni por esas marcaban gran diferencia en virus y enfermedades similares. Por eso, esta gente dice que las mascarillas no funcionan. Porque si no lo hacen en contextos clínicos para cosas relacionadas, no lo harán en la población general. Más sobre eso después.

Ensayos clínicos controlados que refutan la protección que nos están vendiendo sobre las mascarillas

Para facilitaros la vida, os cito el estudio y la conclusión, pero os animo a leer cada uno en profundidad y echar un vistazo a los métodos y cifras.

Lo digo porque en estudios a favor del uso de las mascarillas podemos encontrarnos mucha evidencia observacional, anecdótica, basada en encuestas, búsquedas de palabras clave, etc. Poco ensayo clínico controlado serio. Cuidado.

Notaréis que hablan mucho de influenza, virus, resfriado y poco de COVID-19. Porque no existen todavía tales estudios. Por lo tanto, se refuerza la tesis de que la legislación se ha adelantado a la ciencia, supuestamente por prevención. Sin embargo, si es por prevención y analizados los datos… lo que deberíamos hacer es no llevar mascarilla. Mirad las referencias:

Los trabajadores del ámbito de la salud con mascarilla N95 tenían significativamente más probabilidades de experimentar dolores de cabeza. No se demostró que el uso de mascarillas faciales en trabajadores sanitarios proporcione beneficios en términos de evitar síntomas de resfriado o resfriados”.

Ninguno de los estudios revisados mostró un beneficio por usar mascarilla, ya sea en el personal sanitario o por la gente en sus hogares. Hay poca evidencia que respalde el uso de mascarillas para evitar infectarse”.

“De los 17 estudios revisados, ninguno estableció una relación concluyente entre el uso de mascarillas y la protección contra la infección por influenza”.

En el metanálisis de los estudios clínicos, no encontramos diferencias significativas entre los respiradores N95 y las mascarillas quirúrgicas en el riesgo asociado de infección respiratoria confirmada por laboratorio, enfermedad similar a la influenza“.

Los autoinformes como fuente de los resultados clínicos fue propensa al sesgo. La evidencia de un efecto protector de mascarillas contra la infección respiratoria verificada no fue estadísticamente significativa”.

Entre 2.862 participantes al azar, 2.371 completaron el estudio. Entre el personal de atención sanitaria para pacientes ingresados, los respiradores N95 frente a las mascarillas quirúrgicas que usaban los participantes en este ensayo no dieron como resultado una diferencia significativa en la incidencia de influenza confirmada en laboratorio“.

Se incluyeron un total de seis ensayos clínicos controlados con 9.171 participantes. No hubo diferencias estadísticamente significativas en la prevención de la influenza confirmada por laboratorio, infecciones virales respiratorias confirmadas por laboratorio, infección respiratoria confirmada por laboratorio y enfermedad similar a la influenza utilizando respiradores N95 y mascarillas quirúrgicas. El uso de respiradores N95 en comparación con las mascarillas quirúrgicas no está asociado con un menor riesgo de influenza confirmada por laboratorio“.

Podemos tirarnos así todo el día.

Pero vaya, que hablamos de ensayos clínicos y revisiones sistemáticas que explican por qué las mascarillas no funcionan. No lo hacían contra otros virus, influenza e infecciones. No digamos que probablemente protegen contra el COVID-19, porque no está claro que sea así. Al menos, no desde el rigor científico.

¿Os imagináis prescribir un medicamento porque ha ido bien para otra cosa y, por tanto, probablemente irá bien para una que se le parece? Sería de locos. Pues eso.

Bonus track: las mascarillas como escudo, el uso de la población general y lo realmente útil

Es importante que pensemos que estos estudios nos hablan de que aunque la mascarilla es eficaz en entornos clínicos (cirugías, tratamiento de ciertas patologías, etc.), a menudo los propios sanitarios fracasan en sacarles partido por un mal uso. Lo sepan ellos o no.

Por ese motivo, cuando un cirujano se prepara para una intervención, pasa por un proceso tan complejo para una cirugía de corazón. Otros le ponen y retiran las prendas y, sobre todo, se lavan las manos a conciencia. Punto.

En fin, que si los sanitarios, formados y preparados, no les sacan tanto partido a las mascarillas frente en situaciones similares al COVID-19, ¿puede la población general hacerlo?

La Revista Internacional de Epidemiología, la OMS, Nature y cualquiera que te cruces por la calle te dice que no. Que la gente utiliza mal la mascarilla. La llevan de gorra, cubrepapadas o codera.

¿Y sabéis por qué? Porque usarla bien es imposible. Roza lo heroico. Y, por desgracia, sólo entonces podría ser eficaz.

¿De verdad tenéis tiempo para hacer todo esto cada vez que os la ponéis? Porque, insisto: si no, no sirve.

Y es que podría decirse que es una mascarilla psicológica más que una protección real. Un feelgood social. Un placebo.

Lo digo porque a lo mejor pensamos que con llevarla, aunque sea mal, estamos protegidos. Y no. Las mascarillas no funcionan frente al COVID-19, sobre todo si se usan mal. No, no son parte de una serie de medidas que entre todas logran resultados. La evidencia no dice eso como ya he expuesto.

Lo que creemos que somos al usar la mascarilla frente al COVID-19

De hecho, podría ser hasta contraproducente porque, siguiendo la lógica:

No nos gusta llevarla.

Y causa problemas de salud como mayor probabilidad de infección respiratoria.

Y trae los problemas de salud mental que os comentaba antes.

O la debacle económica a la que estamos abocados.

Y la paranoia y locura total en la que vivimos. Con miedo a contagiarnos y morir en todo momento por el dichoso COVID-19.

Lo que realmente acabamos siendo al aplicar cada día nuevas medidas frente al COVID-19

Me da mucha pena, porque la gente está muerta de miedo.

Nos alejamos de familia, amigos. Nos sentimos culpables de ver al abuelo. Estamos dispuestos a todo con tal de no contagiarnos. Y de verdad que nos estamos volviendo locos. ¿No os parece que la gente está más desquiciada que nunca? Pues eso. Sentido común.

Porque sí, es difícil aceptar que no sabemos mucho del COVID-19 y podemos hacer muy poco. La ciencia necesita más tiempo y tiene, en este momento, más preguntas que respuestas. Así es la vida. Nos pasa con muchas enfermedades y problemas que, por desgracia, aún no sabemos curar.

Bonus track: la teoría del “por si acaso, me la pongo” y el totalitarismo creciente

Expuesto todo lo anterior sobre por qué las mascarillas no funcionan frente al COVID-19, me consta que puede haber personas que elijan, ante la duda, llevarla.

Sus argumentos suelen ir en una línea discursiva culpabilizadora, del tipo:

  • Es que antes nos decían que no había motivos para llevarlas, pero ahora ya sí los hay.
  • Es que (introduzca argumento del gobierno) pero ahora (introduzca nueva ideología totalitaria a inculcar al ciudadano) y por eso la llevo.
  • Por si acaso, me la pongo.
  • Es que no quiero que me multen (este es mi favorito porque en el fondo tiene un corazón disidente).
  • Es que si al final protege, aunque sea un poquito, aunque sólo salve a una persona, ya habrá valido la pena.
  • Si todo el mundo la llevase bien, estaríamos mucho mejor. La gente tiene la culpa (los niños, los perros, los jóvenes, luego serán los abuelos, etc., según lo que diga la prensa en su último informe de rebrotes).
  • Por solidaridad y respeto, especialmente a los más vulnerables, la llevo.

Si estáis en este u otros pensamientos similares, os animaría a valorar muy seriamente los estudios que aporto en este artículo. Porque, si resulta que al final las mascarillas no funcionan frente al COVID-19, ¿por qué las habréis llevado? Eso son argumentos emocionales, que no científicos.

Con la evidencia en la mano, creo que nadie puede demostrar que sean útiles. Nadie. Pero si las llevamos:

  • Habremos sido cómplices de que legislen sin evidencia científica ni rigor.
  • Seremos partícipes de toda la mortalidad asociada al COVID-19 por cirugías paradas, patologías no atendidas, etc.
  • Contribuiremos al terror social, y a la debacle de salud mental que estamos viviendo.
  • Ayudaremos a que muchas personas en el mundo vivan peor por cargarnos la economía.
  • Lo habremos hecho todo “porque todo el mundo lo hacía”. Cuidado con el pensamiento de seguir al rebaño.

Y lo habremos hecho no por elección propia, sino por seguir a los gobiernos totalitarios que toman medidas al margen del conocimiento científico. Por miedo. Por cobardía. ¿O no? Es una pregunta que os planteo, pero la respuesta estará en cada uno de vosotros.

La mascarilla es lo de menos: lo importante es no caer en esas actitudes totalitarias que pretenden vendernos. Yo diría que es mejor vivir y decidir desde los valores propios, desde el rigor y el pensamiento crítico propio.

¿Cómo os vais a sentir si en unos años, de hecho, comprobamos que habéis contribuido a la expansión de la pandemia al llevar la mascarilla? ¿Cómo se sienten ahora los que se gastaban el dinero de todos en el Tamiflu?

Pues eso. Prudencia y paciencia, que la ciencia dirá. Apertura. Sentido común, y apostad por medidas que funcionan. Id con cuidado, y estad muy cerquita de los vuestros, porque lo necesitaréis a pesar de todo. Más que nunca, de hecho.

Conclusión

Fijaos que ni siquiera os he expresado en este artículo mis propias ideas sobre el tema. Sólo he presentado evidencia a favor y en contra lo mejor que he sabido.

Si acaso no os convence mi argumento, por lo menos no caigáis en el comportamiento cainita o la rabia frente a los que no llevamos mascarilla. Lo mismo tenemos una exención por prescripción facultativa. Tal vez no estamos de acuerdo con la medida, y ejercemos la libertad que nos queda a pesar de la amenaza de multa.

Personalmente, no me vale la pena vivir en un mundo sin abrazar a mi familia. A mis amigos. Un mundo donde mi hijo que va a nacer no pueda jugar libre, como se supone que ha de hacerlo.

Y sí, mantengo la distancia con los desconocidos. Me lavo las manos. Intento ser prudente, y no voy tosiendo a la abuela ajena. Leo mucho. No hago el tonto, ni prendo fuego a torres de 5G.

Porque no, no es por ir contracorriente ni hacer la puñeta a nadie en concreto. Es porque mis valores y mi libertad están por encima de todo. Lo mismo muero si me contagio, porque soy asmático. Lo acepto. Morir es el riesgo de estar vivo.

De todos modos, si analizo las últimas publicaciones de la ciencia, la estadística dice que tengo un 100 % de probabilidades de morirme de todos modos en los próximos 100 años. Así que tampoco me aferro a la vida desesperado, para no caer en el miedo. A lo mejor cuando me muera, me pongo la mascarilla y es tan milagrosa que hasta revivo 🙂

Os aseguro que también es incómodo que te miren mal por no llevar mascarilla, que te pare la policía cada dos por tres, o aguantar el chaparrón desde la trinchera de la duda razonable. O que lea este artículo alguien importante, y me caiga una buena. Porque, después de todo, sólo soy un ciudadano raso sin más interés que eso, aportaros lo mejor de mí.

Esos son mis valores, y ahí seguiremos. Pase lo que pase.

Asumid, parafraseando a Peterson y para concluir, que tal vez ese que no lleva mascarilla sabe algo que no vosotros ignoráis.

Igual ha leído y analizado la evidencia. Y acepta y entiende por qué no funcionan las mascarillas frente al COVID-19. Igual se equivoca, sí. Pero, a día de hoy y con la evidencia en la mano, ya veis que no le faltaría razón. Un abrazo.

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Mr. Contraintuitivo

Me llamo Jesús, y soy estudiante de psicología clínica. Me apasiona todo lo que tenga que ver con el desarrollo integral de personas como tú.

Aspiro a convertirme en un profesional capaz de ayudar a los demás en su crecimiento, generando un impacto profundo y positivo en sus vidas.

Precisamente por eso escribo este blog. Espero que te resulte útil lo que encuentres en él, y te agradezco que dediques tu tiempo a leerme.

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