Lo que aprendí del mes de estrés

Lo que aprendí del mes de estrés

Hace poco os contaba que abril y parte de mayo iban a ser dos meses de muchísimo estrés.

No se trataba de anticiparlo, como una profecía que acabaría por cumplirse de forma inexorable. Sencillamente, mis obligaciones profesionales suponían desarrollar un proyecto en solitario que hoy, por fin, he terminado.

Y sí, ha quedado genial 🙂

Valorando lo que aprendí del mes de estrés

Bueno, en realidad fue mes y medio, pero nos entendemos.

En este lapso de tiempo me las he visto y deseado para poder publicar aquí con regularidad. Que ya sé que no es obligatorio, pero no quería dejar de compartir cosas en mi blog personal. Más que nada porque representa una vía de escape, y me hace ilusión contaros novedades y saber de vosotros en los comentarios que a veces caen (gracias de nuevo por leerme).

El  caso es que estas semanas de no tener tiempo para casi nada me han llevado a vivencias interesantes. Aunque mi cabeza estaba más centrada en asuntos laborales, no me gusta renunciar a las oportunidades de aprender. Así que fui tomando nota de ellas:

  • Ir con prisa no es para mí: he acusado mucho (pero mucho, mucho) la falta de mi rutina habitual. Al hacer jornadas maratonianas de hasta 12 horas, a veces no me daba la vida para leer, hacer ejercicio o comer con mis amigos. Vivir a contrarreloj es una tortura. No entiendo que haya personas que puedan hacerlo. Desde luego, no soy una de ellas: eché muchísimo de menos poder tomarme la vida con la calma que merece. Mi paseo de las mañanas con los perros, el ratito para leer a mediodía, o poder bajar al gimnasio los lunes. Eso me lleva al siguiente punto.
  • Tengo mejores hábitos de lo que pensaba: creía que no acusaría tanto la falta de ciertas rutinas, pero me equivocaba. Creo que hasta me he pasado un poco de rosca, porque por unas semanas de dejar de hacer cualquier cosa tampoco debería pasar nada. Pero me ha afectado enormemente. Ahora que he concluido el proyecto (salvo la semana de revisión), me noto algo cansado. Necesito unos días para reconectar conmigo mismo, perder el tiempo y volver a mis hábitos corrientes, en los que me siento muy feliz.
  • Soy un maestro del manejo de la ansiedad: el otro día me escapé durante un día a un concierto en Madrid, con la idea de volver la noche siguiente para retomar mi trabajo. Pero… ¡sorpresa! Mis amigos de la capital me organizaron la que será mi primera despedida de soltero, así que tocaba romper con todo lo previsto y entregarse al caos que me tenían preparado. Es curioso, porque en un primer momento mis niveles de ansiedad se dispararon por lo-quedebería-estar-haciendo. La parte positiva es que lo puse en perspectiva rapidísimo, y conseguí ignorarme y pasarlo genial. Esa habilidad me permitió tomarme una jornada de absoluta autodestrucción y disfrutarla al máximo, como un paréntesis en mi proceso de estrés. Lo que me recuerda que…
  • Hay que fluir un poco con la realidad: ninguna rutina debería ser tan rígida como para asfixiarnos. Supongo que yo, que me considero un buscador de mi desarrollo personal, me había despistado un poco. Creo que a veces se nos va la cabeza, nos pasamos el día trabajando o inmersos en nuestras historias, y perdemos la perspectiva de que lo inesperado, la sorpresa o lo espontáneo también es positivo. Llevar la tabla preparada para surfear, pero no intentar anticipar la forma de cada ola que nos trae la vida. Eso es fluir.

Os aseguro que después de estas semanas, mis niveles de estrés deberían estar por las nubes.

Sin embargo, creo que el centrarme en aprender y estar bien con lo que venga en el presente me ha ayudado un montón a encontrarme tranquilo hoy.

Y me siento genial por ello

Hoy le comentaba a un amigo que acabé el proyecto, y que me siento exultante por ello. Aunque, en realidad, seguramente a nadie le importe demasiado más allá de mi jefe. Fue genial compartir esa emoción secreta de soldado raso del mundo laboral 🙂

Tampoco sé si mi esfuerzo servirá para que el proyecto triunfe. Solo estoy seguro de que he dado lo mejor y trabajado con enorme diligencia, mucha más de la que hubiera dicho que tendría. Es increíble lo significativo que es esto en una persona como yo, que tengo enormes dificultades para reconocerme a mí mismo las cosas.

Me he planificado bien, he ido cada día a tope, y he trabajado muy duro para conseguir mis objetivos. No bastaba con una buena actitud y con creer en ello: había que hacer y estar concentrado. Me mantuve ahí, aguantando el tipo pese a las dificultades que surgieron. En un estado de tensión (de la buena) y concentración que hacía años que no veía en mí mismo. Con estrés, sí, pero sin quemarme.

Este mes he logrado llevar a cabo el proyecto sin dejar de ver a familia y amigos. Haciendo mi trabajo cada día, atendiendo a los clientes de mi nueva empresa, escribiendo en el blog y tratando de mantener mis hábitos positivos tanto como pude.

No sé si lo había comentado, pero de este proyecto depende mi puesto de trabajo

Saber que si no ganas estás fuera es una gran presión para cualquiera, incluido el que suscribe.

Así que verme pilotando mi vida tan pancho es lo que me hace sentir genial. Yo, que hace unos años tenía un montón de problemas y estaba perdidísimo, todo el día con ataques de pánico… ahora, con mis más y mis menos, soy un tipo que funciona suficientemente bien, incluso en condiciones adversas.

Y en fin, al pensarlo me sentí orgulloso, y quería compartirlo con vosotros. Porque seguro que alguno, como yo, se levanta por las mañanas agobiado con sus quehaceres y obligaciones. Y a veces se ve superado por las responsabilidades, y tiene sus miedos, preocupaciones o dudas. Y tiene que salir a ganar si no quiere perder. Y ve que eso, estar bien es algo que se consigue, no lo regalan ni es fácil.

A todos vosotros os comparto mi humilde historia de hoy. Porque no importa mucho mi proyecto, el estrés de estas semanas ni si conservo o pierdo mi trabajo. Pero sí es relevante que nos recuerden de vez en cuando que, si damos lo mejor de nosotros mismos, podemos aspirar a superarnos. Soy una persona hecha a sí misma y libre, y eso también lo he apreciado más estas semanas.

En esa imagen de superación puedo sentirme orgulloso de mí mismo, con independencia del resultado. No el mejor, pero sí sorprendente y suficientemente bueno. Esa plenitud, por fugaz que sea, es un bálsamo para caminantes como yo. Porque la vida es desafío, y es preciso echarle ganas. Un gran abrazo, y prometo estar por aquí más a menudo… a partir de la semana que viene.

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4 comentarios en “Lo que aprendí del mes de estrés”

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