Mr. Contraintuitivo
ira dejar volar los problemas

¿Qué hago con los sentimientos de ira? Fluir y dejar ir tu frustración

Voy a empezar el artículo con una espectacular cita sobre la ira.

Me resultó muy impactante en estos últimos días, en los que estuve más atascado de lo normal con algunas frustraciones. Dice así:

La ira es un ácido que puede hacer más daño al recipiente en que se almacena que a todo aquello sobre lo que se vierte.

Mark Twain

Creo que la sentencia da mucho de sí, y tiene todo que ver con el tema de hoy.

El origen del problema: las expectativas y el pensamiento de un tipo neurótico (neuroticismo)

Decía que la frase me gustó mucho, seguramente porque la leí por casualidad y me llegó en el momento adecuado. De esas cosas que parecen destinadas a llegarnos precisamente a nosotros.

En estos últimos meses, quizás incluso el último año, he tenido bastantes dificultades con el tema de la ira, la rabia y la frustración. Supongo que a estas alturas del blog de psicología a nadie le da la impresión de que mi vida es perfecta. No sea que os parezca que lo tengo todo controlado, jeje.

Así que sí, volví a atascarme en ese pensamiento neurótico que es el de darle vueltas a lo que me molesta. Como si eso fuese a arreglar algo pensando y pensando.

Como soy una persona muy amiga de sus amigos, leal e implicada en sus relaciones cercanas, suelo vivir una dinámica con la que tal vez os sintáis identificados. Y es que parece que, cuanto más avanza la vida, más difícil es mantener los amigos. Ni que decir hacer otros nuevos.

Me produce enorme frustración intentar que las personas de mi entorno me prioricen al mismo nivel (o similar) que yo. ¡Nunca lo consigo! Además, suelo depositar grandes expectativas… que lógicamente se cumplen pocas veces. Suelo ser el que tiene tiempo para todo y para todos. Pero vivimos en un mundo de caos, en el que es difícil encontrar esos espacios. Me da pena que sea así, pero objetivamente creo que es lo que hay. Vivir para trabajar. Para el yo, yo, yo.

Esa forma de ser que describo (la mía), si no se aborda, acaba dando paso a sentimientos de ira y rabia, que suenan muy fuertes así descritos, pero que son completamente normales. Escribo esto confiando en que os sirva de algo mi ejemplo y reflexión.

La ira, rabia y frustración como un problema. ¿O no?

Sabemos que la frustración, rabia e ira son, en sí mismas, malísimas para la salud si uno se las guarda y las cronifica. Generan estrés y sentimientos de tristeza, entre otras historias que no vienen tanto al caso.

Ojo, que no estoy hablando de trastornos de ira ni otros asuntos clínicos. Estoy hablando de una persona sin patología de fondo, que está dándole vueltas día sí y día también a lo mal que se siente por este tipo de juegos de expectativas. Esa que piensa una y otra vez lo mal que le parece que fulanito haya hecho eso. En la línea de Mark Twain, manejando ese material de alto riesgo.

Estar estudiando psicología me ayuda bastante a entender las emociones y ponerlas en perspectiva. Contra lo que suele creer la gente, la frustración, la rabia o la ira tienen su sentido y función positivas. No son negativas en sí mismas. Sólo un poco latosas porque, si se hacen crónicas, acaban alterando nuestra forma de ser, estar y construir el mundo. Algo que sí nos hace daño y es perjudicial. Especialmente a largo plazo.

El caso es que identifiqué el origen del problema, que en mi caso era algo así como:

  • La gente vive sus vidas, y tus expectativas sobre ellas sólo te importan a ti.
  • Las personas se transforman espectacularmente a lo largo del tiempo. Lo que ayer fue, hoy tal vez ya no exista ni se le espere. Las relaciones humanas cambian.
  • En un mundo como el nuestro, es habitual que la gente se pierda en la dinámica de trabajar, trabajar, trabajar. Las relaciones personales y el ocio tienen asignado menos tiempo, son menos prioritarias. Lo mismo sucede con las comunidades y espacios de convivencia.
  • Nadie te debe explicaciones por esos cambios, acciones e ideas. Pueden dártelas, pero no son obligatorias.
  • Las mismas leyes anteriores se te aplican también a ti, sobre todo si no andas con ojo.
  • Existen excepciones a estas reglas.

Armado con ese conocimiento, acabé por caer en la cuenta hace poco de que el que estaba atascado no era el mundo, sino yo. Y así, al aceptar eso y casi de forma instantánea, se acabaron mis problemas de ira, frustración y rabia.

Porque renuncié a las expectativas. Y, sobre todo, porque acepté el cambio.

Aceptando incondicionalmente. Esperando… ¡nada!

Una de las máximas del budismo es la idea de que el estrés se cuela por la brecha entre las expectativas y la realidad. Esperamos tantas cosas que, en medio de ellas, perdemos la noción del aquí y ahora. Desconectamos, por así decirlo, de la realidad. Luego esta se muestra tal y como es, y nos machaca.

Así que la clave está en la idea de aceptar incondicionalmente lo que venga. Eso significa no aferrarnos a nuestras expectativas. Implica no esperar nada, de manera que no nos lesionen nuestras ideas de lo que debería ser. Implica encajar el golpe, morder el polvo con lo que sale como no nos gustaría, y seguir adelante.

¿Significa eso que tengo que ver el vaso medio vacío?

¡En absoluto! Veo equivocado caer en el acepta todo y no esperes nada, que así no te llevas decepciones. Muy, muy en desacuerdo con eso. Sólo me quedo la primera mitad de la frase, y la apuntalaría así: acepta todo y no esperes nada, pero intenta disfrutar de lo bueno que aparezca.

Creo que lo positivo radica en transmitir a los demás lo que nos gusta y esperamos de ellos. De este modo, es más fácil para ambas partes tender puentes.

Y es que en las relaciones, sean de pareja, amigos o de cualquier otro tipo, esa es la clave: lo que tenemos o podemos construir en común. Las relaciones no necesariamente son para siempre. Y negarlo sería infantil, como indica en su libro Friendship Matters el psicólogo William Rawlins. Quien, por cierto, lleva toda la vida estudiando las relaciones personales y su impacto en nuestra vida.

Una ira muy positiva para tu salud

En general, las emociones negativas nos ponen en marcha, tienden al dinamismo. A veces no nos enfadamos por lo que esperábamos de alguien, sino por lo que quedó sin decir. A veces la rabia nos ayuda a defendernos de un ataque. O poner en su sitio a un indeseable. Son emociones adaptativas y positivas, siempre que no impliquen el nivel patológico.

Así que sí, este tipo de sentimientos de ira tiende a desaparecer cuando nos soltamos las verdades a la cara. Nos actualizamos y, si somos incompatibles, seguimos adelante más unidos que antes. Y si no, es hora de aceptarlo y hasta aquí hemos llegado.

¿Alguien hace algo que te causa malestar? Díselo. Abórdalo. Haz algo al respecto y toma la iniciativa. No te limites a quejarte o a rumiar la idea una y otra y otra vez. Eso sólo te hará daño.

Vemos, pues, que la gestión de la ira, frustración y rabia es relevante. No en vano, hay estudios recientes que apuntan a que esas emociones, contenidas y mal gestionadas, pueden conducir a estados más lesivos para la persona adulta que la propia tristeza. ¿Os ha sorprendido el dato? A mí también.

Manejar la ira con inteligencia implica cambios

En mi caso, como os decía, la solución a mis problemas de frustración, rabia e ira han pasado por aplicar esas leyes de las relaciones personales que os comentaba. Al entender que estas emociones se relacionan con el dinamismo y cambio, me di cuenta de que la mejora de mis circunstancias tendría que pasar también por ahí.

Sin embargo, decidí ampliar el tema y leer más. Como me interesa mucho la terapia de aceptación y compromiso en el manejo de los problemas de ira, he leído sobre el asunto, Especialmente en lo relacionado con la ira y agresividad masculina.

Los hombres no somos más agresivos que las mujeres, pero sí más violentos llegado el conflicto. Al hilo de eso, recomiendo mucho el libro de Steven Pinker sobre la historia de la violencia, y por qué esta ha decaído.

La idea es que la ira es algo que conviene aprender a manejar, pero no a base de tópicos. Más bien a base de aceptar a las personas por cómo, y tomar decisiones como alejarnos de la gente tóxica. Son medidas difíciles, qué duda cabe, porque implican cambio y esfuerzo por nuestra parte, además de una gran dosis de autocrítica para separar el trigo de la paja. Pero dar ese paso implica avanzar hacia un estado de mayor calma, plenitud y libertad. O eso nos indica la psicología.

Conclusión

Si tuviese que quedarme con una idea clave más allá de lo ya comentado, sería esta: deja de esforzarte por cambiar a las personas, y realiza los cambios tú mismo. Deja de pelearte por tener en tu vida a gente a la que ya ni le vas ni le vienes, y acepta que las reglas del juego han cambiado. Olvídate de la gente tóxica que te causa ira, aprende a no dejar que accedan a tu bienestar, y así dejarás de darle vueltas al tema. Simplemente fluye y deja ir todo eso. Porque la vida es cambio, y el agua más turbia siempre es la estancada.

Espero que estas ideas os aporten un poco de perspectiva sobre la ira la próxima vez que esta os asalte (que lo hará). Si os ha pasado algo malo con alguien y seguís cargando eso en la mochila de la mente unas horas después, recordad la cita de Mark Twain. Vosotros, como yo, podéis elegir qué camino tomar. Y os aseguro que a mí me va mucho mejor con estas emociones cuando actúo desde esa visión neutral y desapegada. Espero que a vosotros también os sirva, ¡probadlo y me contáis vuestra experiencia! Un abrazo enorme.

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Mr. Contraintuitivo

Me llamo Jesús, y soy estudiante de psicología clínica. Me apasiona todo lo que tenga que ver con el desarrollo integral de personas como tú.

Aspiro a convertirme en un profesional capaz de ayudar a los demás en su crecimiento, generando un impacto profundo y positivo en sus vidas.

Precisamente por eso escribo este blog. Espero que te resulte útil lo que encuentres en él, y te agradezco que dediques tu tiempo a leerme.

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