Hasta los huevos de pagar impuestos (y de quienes piden subirlos más)

Hasta los huevos de pagar impuestos (y de quienes piden subirlos más)

Lo sé, el título del artículo es potente. Pero ya sabéis que esto es un blog personal, y yo un tipo honesto y sin tapujos.

Resulta que, un año más, he hecho mi declaración de la renta. Como soltero, emprendedor e inversor que declara religiosamente todos sus ingresos, me ha salido a pagar. La nada desdeñable cifra de 2.000€. ¡Sorpresa!

En estos tiempos de elecciones, en los que veo a la izquierda animada a incrementar el gasto social (1, 2), me parecía interesante abordar la cuestión.

Mi problema con los impuestos

En mi caso, he calculado que pago impuestos absolutamente brutales.

En concreto, sé que destino la surrealista cantidad del 29% de todos mis ingresos netos anuales. Y eso sin contar que pago otras tasas, por ejemplo con el IVA o en servicios teóricamente ya abonados, como sanidad (al comprar medicinas). Si considerásemos todo, seguramente estaríamos hablando de cerca del 40%. ¡De todo lo que gano!

Es decir, como mínimo un tercio de mi trabajo anual es para financiar al Estado. Tengo la obligación de hacerlo y, como buen ciudadano, cumplo mis obligaciones. También me beneficio de la extraordinaria calidad de vida que tenemos en España a pesar de la gestión del erario público.

Porque no soy solo yo: todos pagamos mucho. Conviene contemplar que somos el número 15 del top de la OECD en pago de tributos. Según su informe, la carga impositiva que corresponde al español medio es de casi el 40%, siendo para Europa de poco más de 34%. El Estado español es un socio jodido con el que hacer negocios.

¿Y por qué es esto de pagar más que el resto tan preocupante? Porque los salarios no son proporcionales a los de Europa. ¡Ganamos mucho menos! Desde esa “lógica” económica, la proyección que tenemos por delante quedaría de la siguiente forma:

  1. Pagamos más impuestos y sufrimos una inflación galopante.
  2. Como la carga impositiva sube, los salarios son bajos y perdemos poder adquisitivo por la inflación, gastamos menos. Aunque desde 2017 ya no se actualiza (conveniente :D), podéis comprobar que hace una década se gastaba bastante más (y, sin establecerlo como causa necesaria, había menos carga impositiva). Qué lejos quedan aquellas subidas del IVA al 18% y luego al 21%.
  3. La propuesta actual es seguir incrementando el gasto social. Volviendo la vista hacia esos programas electorales, será a partir de… ¡seguir subiendo los impuestos! Eso sí, de forma “justa”. A los “ricos”. Que paguen otros.

De hecho, una encuesta de la propia OECD indica que sí, la gente está a favor de que “otros” paguen la cuenta. Por “otros” me refiero a eso: cualquiera que no sea yo. Llámalo Estado, “los ricos”, “los poderosos” y epítetos similares. Elija usted su víctima.

Lo curioso es que, en ese mismo estudio, la gente dice que estaría dispuesta a pagar más impuestos para mejorar su calidad de vida. Algo no cuadra: parece que a nadie le importa pagar más si eso significa vivir mejor. Así que pagamos más… pero no vivimos mejor. ¿Qué falla?

He ahí el quid de la cuestión de mi problema con los impuestos.

Más impuestos no significa mejor gestión

La mayoría de los votantes están a favor de este tipo de políticas de aumento del gasto público (algo que infiero del resultado de las elecciones generales).

No sé si se entiende que esos programas llevan pareja mayor carga impositiva y reducción del poder adquisitivo… pero el caso es que eso es lo que se ha elegido de forma democrática.

Porque, como las cosas no funcionan bien, se propone aumentar el gasto. ¿La pensión no llega? Subimos el gasto en pensiones. ¿Faltan médicos? Subimos el gasto en sanidad. ¿La gente no tiene trabajo? Subimos el gasto en ayudas sociales. No está sobre la mesa la gestión de ese patrimonio, que es la que corresponde al gestor (Estado). Supongo que porque eso no interesa desde el punto de vista del político.

Al fin y al cabo, el informe dice que la gente está a favor de que el Estado pague. Si el Estado invita, creamos una dependencia perturbadora: el ciudadano no gestiona, sino que delega. Y quien delega, está a merced de su gestor. Si lo hace bien, genial. Pero no es el caso. No lo digo por el Gobierno actual: lo digo por la mayoría del personal en el estamento político.

La economía española está perdiendo fuerza, porque la reducción del poder adquisitivo, aumento de los impuestos, inflación y bajos salarios no ayudan a crecer. Tampoco subir el salario mínimo que, además, genera destrucción de empleo según numerosos estudios.

Aumentar el volumen de agua… en lugar de arreglar la fuga

En vez de tanto debate sobre si conviene subir los impuestos o recortar, vendría bien centrarlo en gestionar mejor lo que se recauda.

Personalmente, no me importa pagar mis impuestos. Estoy encantado de que la gente tenga casa, comida, educación e igualdad de oportunidades; hasta estaría dispuesto a invitar si pudiera, pues no tengo gran apego al dinero. Creo que debe haber un garante de esos bienes fundamentales, e incluso acepto que pueda ser el Estado, aunque no me guste.

Sin embargo, los gestores del erario público no logran hacer viable su proyecto de país. Por eso nos endeudamos, no podemos pagar lo que la gente necesita/demanda… y unos políticos mediocres optan por la huida hacia delante que son las subidas de impuestos. Lo explico con un ejemplo:

  • Tenemos una empresa que se dedica a instalar duchas eficientes.
  • Un cliente tiene una fuga en una tubería, así que se empieza a cabrear porque no puede usar su agua, por la que paga, de forma satisfactoria.
  • La solución es hacer una reforma. Pero eso sería problemático: el cliente se cabrearía un montón y vería que no hice mi trabajo tan bien como le prometí.
  • En lugar de la obra, optamos por un truco: aumentamos el volumen de agua. Así, parece que la ducha ya funciona.
  • En realidad, la ducha parece funcionar, pero solo porque hemos aumentado el volumen de agua para compensar la fuga. El cliente paga más por ese derroche, cuando podría abonar menos si yo fuera mejor en mi trabajo. Al pagar más, deja de poder gastar en otras cosas. Malo para su economía, que es la de todos.
  • Para cuando la cosa explote, se inunde el edificio y haya un agujero en el bolsillo de mi cliente, yo ya estaré lejos. El nuevo empresario que llega, le dice al pobre hombre que lo siente, pero que le toca pagar la reforma. Deuda. Dedos que señalan al otro partido. Cero responsabilidades.

En mi opinión, el Estado a través de sus políticos mediocres es el instalador ineficiente. Aumentan el gasto para que parezca que funcione. Pero, realmente, no funciona. Por mucho impuesto que abonemos, nunca será suficiente: el gestor no sabe gestionar.

Por eso si le das a un pobre el premio de la lotería es probable que se arruine. Esa es la razón de que subir los impuestos sin mejorar la gestión no sirva para nada (que no sea vaciar los bolsillos de los ciudadanos).

Como digo, delegar la responsabilidad en otros es peligroso. Hay que saber muy bien en quién confiamos. Eso me lleva, a título personal, a tener una visión más liberal y menos partidaria de un Estado regulador. Pero eso lo dejo aparte por hoy.

La solución pasa por ciudadanos exigentes y cultos

Como no me gusta quedarme solo en la crítica, aporto también alguna idea.

Para mí, que los ciudadanos nos formemos en finanzas y economía es fundamental para detener esta dinámica de locura. Hay que superar esas ideas del “y tú más”, de afiliarse a un partido como a un equipo de fútbol, del pensamiento reinante del o conmigo o contra mí. Sobre todo, no dejarse seducir por los cantos de sirena de esos gestores.

Lógicamente, exigir políticos menos inútiles supone que los propios ciudadanos sentemos el precedente y seamos capaces de alcanzar acuerdos. Esa falta de diálogo licita que no haya ni un solo político de los grandes partidos que tenga criterio sobre economía (más allá de su ideología bananera).

Si no somos capaces de ver eso, seguiremos pagando impuestos, sufriendo la inflación, perdiendo poder adquisitivo y… en la mediocridad económica. No podemos ser parte de los que piden a gritos que se suban los impuestos al vecino: hay que exigir que se gestione mejor lo que ya se recauda, que es muchísimo. Más que la media europea, y demasiado como para que las cosas no funcionen mejor. Esto no se soluciona con el dinero de “los ricos”.

Por eso digo que me toca los huevos que la gente suba o pida más impuestos. No me molesta pagarlos, porque eso significa que gano dinero. Ya he dicho que yo me considero rico. Puedo generar más pasta, seguir pagando y olvidarme del tema.

Pero es que me molesta escuchar promesas y saber que conducen a tener las cañerías cada vez peor. Me disgusta porque esa mala gestión es la que conduce a que quienes curran toda su vida reciban como premio una pensión miserable. Lo que resta oportunidades a los chavales. Lo que deja a la gente una vida con sueldos de mierda en la que aspirar a ser funcionario es lo máximo. Lo que nos impide llegar a fin de mes, y lleva a muchos a suplicar una paguita a papá Estado para ir tirando. Me duele mucho ver a la gente apoyar esas tonterías porque las paga otro. Somos más que eso: ciudadanos cultos, libres e independientes.

En resumen: menos impuestos y más eficiencia. Menos delegar en el político de turno, y más responsabilidad y compromiso por los demás y nuestro patrimonio. Ese es el camino que lleva al bienestar de las personas… pero recorrerlo exige unas reformas para las que solo con cultura estaremos preparados. Un gran abrazo de otro pagador de impuestos.

Comparte esto:

2 comentarios en “Hasta los huevos de pagar impuestos (y de quienes piden subirlos más)”

Deja un comentario