¿Buscas la libertad financiera? Cuidado con apostar (solo) por fondos

¿Buscas la libertad financiera? Cuidado con apostar (solo) por fondos

He escrito un montón de artículos en mi blog de finanzas sobre cómo gestiono mi patrimonio.

Como me imagino que os pasa a vosotros, no soy rico. Al menos, no en el sentido de tener millones en mi cuenta bancaria, aunque sí desde un punto de vista más amplio: tengo casa, comida, ropa, trabajo y hasta dinero para tomar algo con mis amigos o pagar el hosting de este sitio.

Para mí es muy importante cuidar bien mis bienes. ¿Por qué? Porque no siempre he tenido garantizadas esas necesidades, y me sacrifico para ganarme la vida. Todo eso me enseñó una valiosísima lección: en la vida hay que andarse con ojo y cuidarse. Eso incluye, por supuesto, vigilar el apartado económico.

Porque en el mundo en que vivimos, la pasta es la que mueve todo. No es lo más importante, pero sí la principal fuerza motriz de la humanidad. Lo digo sin entrar a valorar el asunto, que no es el objetivo de este post. Pero estoy convencido de que las finanzas saneadas son una pieza clave del desarrollo personal. Convencido al 100%.

La libertad financiera… y los vehículos de inversión que llevan a ella

Me gusta mucho la expresión “vehículos de inversión”. Hay que imaginar las acciones, los fondos o la especulación de cualquier tipo como eso, un transporte que nos lleva desde el punto A hasta el B.

Así, un trabajador corriente y moliente como yo escoge el vehículo que le convence más, con la esperanza de que llegue a destino. Digo esperanza porque las inversiones nunca están garantizadas. Por lo tanto, y como diría el genio del value investing Charlie Munger cuando un tipo le echó en cara que no se hubiese subido a ciertos vehículos de inversión ganadores:

Invertir no implica coger todos los trenes que llegan a destino, sino sobre todo de evitar aquellos que descarrilan.

Vamos, que hay un montón de oportunidades de ganar dinero invirtiendo. No hace falta estar siempre en la cresta de esa-nueva-inversión-que-lo-va-a-petar-y-te-hará-multimillonario-rápido. “Basta” con equivocarse lo mínimo posible, y acertar moderadamente el resto de las veces. En finanzas, como en la vida misma, la avaricia rompe el saco. Sentido común.

Me gusta, pues, el símil de los transportes, porque nos permite establecer con claridad los tipos de inversiones más frecuentes. Yo, que soy mucho de ejemplos, los distribuiría así:

  • Motos: para los amantes de la velocidad, la independencia y el máximo riesgo. Puedes ganar mucho dinero con instrumentos complejos de inversión… pero, si te caes, te matas. Meto en este saco el day trading, los ETF, las criptodivisas, materias primas, FOREX, opciones, operaciones de margen, apalancadas y un largo etcétera. ¿No sabes lo que es nada de esto? Ni falta que hace. Estas inversiones son muy sofisticadas, con más riesgo del que la mayoría de personas (me incluyo) puede tolerar. Yo entiendo lo que son… y no las toco ni con un palo.
  • Coches: la mayoría de los ciudadanos tienen uno. Permiten cierto nivel de autonomía, aunque no podrás llegar a todas partes en ellos. Alcanzan buenas velocidades, proporcionales a un nivel de riesgo asumible. Sí, puedes matarte, sobre todo si haces el loco… pese a que lo frecuente sería darte algún golpe de vez en cuando. Meto en este grupo las acciones compradas de forma directa a través de algún broker bancario o similar.
  • Autobuses y trenes: hay personas que prefieren el transporte compartido, pero sin irse mucho más allá de los lugares a los que podrían acceder en coche. Los autobuses y trenes representan esa idea, donde los riesgos se reducen notablemente, y es improbable que pase algo malo. Con todo, son menos versátiles y ágiles que los coches, aunque tanto o más rápidos. ¿Qué va en este grupo? Los fondos de inversión conducidos por los bancos, sean o no indexados (es decir, replicando un índice de empresas, como por ejemplo el S&P 500, el Ibex 35 o sencillamente el típico fondo de rentabilidad garantizada o no del banco de turno – que, por cierto, hay que elegir con cautela que hay mucho pseudofondo tiburón suelto-). Caen también en este punto los sistemas automatizados de inversión (sí, de esos en los que una inteligencia elige por ti). La gente cree que como solían ser muy seguros, siguen siéndolo. Lamentablemente, esto ya no es así… hoy en día todo el mundo los usa, y eso ha multiplicado su relevancia y exposición.
  • Aviones: similares al punto anterior, pero muchísimo más sofisticados, hasta el punto de poder ser hechos a tu medida. Rápidos y versátiles, resultan altamente seguros pero, si te la pegas, probablemente mueras. Incluyo aquí los productos que te ofrecen los gestores de banca personalizada, en los que una persona toma decisiones con tu patrimonio para hacerlo crecer, y se lleva una comisión. Si no tienes unos bienes realmente notables puedes olvidarte de acceder a este exclusivo club, que no es para el común de los mortales.
  • Patinetes eléctricos: no quería dejar pasar la ocasión de meterme un poco con este tipo de productos, que pintan tan genial como las motos pero que, al final, tienen tanto o más riesgo… y no te llevan ni a la ciudad de al lado. Suelen tener, además, ese toque cool, innovador o con ideología de fondo. Incluyo aquí propuestas estilo fondos ecológicos y éticos, alternativas de inversión colectiva como housers, o incluso fondos en favor de la igualdad (:D). La propuesta suele tener un halo muy moderno, comprometido y millennial. Pero, si rascas un poco y vas a la ficha técnica del producto, no encuentras ni ética ni rentabilidad ni, por supuesto, igualdad de ningún tipo… solo la pena de comprender que vas en un triste patinete de andar por calle. Creías que ibas a toda velocidad y eras el rey del barrio además de un tipo muy moral y ético. Pero no: solo te estaban manipulando y llevándose tus ahorros.

Vistos los vehículos más comunes de inversión, creo que es justo indicar cuáles son mis favoritos, los que creo que llevan a destino.

Más que una apuesta única, yo creo en viajar según las necesidades de cada persona, sin casarse con nada. Hay gente que se apega demasiado a sus inversiones, como si fueran un equipo de fútbol. Eso me parece muy negativo, pues impide sacar partido a los instrumentos que más nos convienen en cada momento. La estrategia de inversión evoluciona con la persona. Si no, mala cosa.

Como estoy en la treintena, cuento con más acciones y menos fondos, además de una cantidad mínima de criptodivisas e inversiones de alto riesgo. Lo reparto así: un 55% lo tengo invertido en acciones, un 40% en fondos indexados y un 5% de mis bienes en inversiones de alto riesgo. Traducido, es un 40% en riesgo medio, 55% en alto riesgo y un 5% en altísimo riesgo. ¿Por qué se repite la palabra riesgo tan a menudo en este párrafo? Porque las personas jóvenes pueden asumir más que alguien a punto de jubilarse. Si tuviese 60 años, cambiaría la historia.

No haré cálculos de ética ni ideologías, porque creo que el dinero carece de ellas. Con la rentabilidad que obtengo ya me aseguro yo mismo de hacer algo bueno (por ejemplo, donar el 10% de mis beneficios a las causas que considere). Pero ese es otro tema: sigamos con la búsqueda de la libertad financiera.

Donde la rentabilidad muere: el ataque de los clones de los fondos indexados

Vivimos un increíble auge de los fondos indexados. No tanto de sus beneficios.

Los fondos indexados y, en concreto, el S&P 500 (compuesto por las grandes compañías americanas) aculuman una rentabilidad que ya analicé en otro post en el que, de hecho, recomiendo muchísimo los fondos como el S&P 500.

Sostengo que son la mejor opción si tu caso es el de alguien que no quiere romperse la cabeza, mover su dinero ni preocuparse de nada. Quieres invertir sin complicaciones. Evidentemente eso es mejor que no hacer nada, guardar el dinero bajo el colchón o meterlo en cosas como housers o fondos-patinete eléctrico (:D).

Creo que a un plazo de 30 años, un fondo indexado como el S&P 500 puede llevarte a la libertad financiera. Aunque es preciso hacer aportaciones periódicas, todos los meses sin falta.

Y ya está. Qué fácil, ¿verdad? Ojalá, pero me temo no.

En la actualidad, fondos indexados como el S&P 500 acumulan tal rentabilidad, que todo el mundo está aprovechando la estrategia. Lo que antes era la elección de unos pocos se ha vuelto algo más corriente, más mainstream, y eso implica que la rentabilidad se reduce.

Siempre han existido estrategias para obtener una mejor rentabilidad. El problema es que, en la era de Internet, esos “trucos” están a disposición de cualquiera con un mínimo de interés. En ese entorno, la rentabilidad se muere porque…

Todo el mundo está haciendo lo mismo. Y eso es peligroso

Comprar en el mercado de final de año, invertir y mantener, automatizar las inversiones… esas estrategias se repiten hasta la saciedad. Ya no son el factor diferencial que harán fortunas en el mundo de las finanzas: son el común denominador de la mayoría de inversores.

Por eso creo que hay una auténtica burbuja de los fondos indexados, por ejemplo. La gente compra la rentabilidad potencial sin pararse a ver qué va en el saco, así que no apoya realmente los negocios de fondo al separar la paja del grano.

Así, uno puede meterse en un fondo indexado tipo (ejemplo inventado) “NASDAQ reunido FI”, que apueste por “las principales empresas tecnológicas”. Dios sabe cuáles son realmente.

Al no comprar el negocio real, sino un fondo, podemos encontrarnos con una caída del 40% en el total del índice NASDAQ. Las empresas más solventes aguantan el tipo, pero muchas de las que van en nuestro saco saltan por los aires. Como hemos comprado lo que había sin elegir nada, también volamos. Nuestro gozo, nuestra rentabilidad, en un pozo. ¿Qué alternativa nos queda?

En mi opinión, el value investing es la única forma con garantías de alcanzar una libertad financiera en este escenario. ¿Qué significa esto? Que hay que cambiar de un modelo basado en comprar productos al de escoger y de comprar bienes reales, con calidad.

Value investing: aprender a reconocer el valor de un negocio

Si hay una crisis (que la habrá), lo único que nos protegerá es apostar por empresas solventes. Negocios con capacidad de crecer y expandirse, que no harán aguas a la primera de cambio. Los fondos, especialmente los indexados, son productos que no tienen un valor real: son paquetes cerrados que nos proporciona el vendedor de turno. Dependen totalmente de sus mercados de referencia y de sus gestores. Nosotros no pintamos nada.

Además, y dado que todo el mundo apuesta por ellos, su rentabilidad futura ha caído. A un año vista, los inversores plantean para el S&P 500 un escenario de 2.396 a 2.967 puntos sobre los 2.800 que tiene ahora. Es decir: si nos subimos a ese vehículo hoy mismo, podría significar perderlo todo. Otros más listos que nosotros se han matado así antes. Cuidado.

Por eso, en lugar de “NASDAQ reunido FI”, podríamos plantearnos comprar acciones de empresas que nos convenzan por su modelo de negocio presente. Compañías que querrías tener en tu cartera de inversión con independencia del precio al que coticen. Apple, PayPal, Google, Amazon… la lista es tan larga como la inteligencia del análisis del inversor.

Si somos capaces de formarnos en value investing, adquiriendo conocimientos sobre cómo valorar un negocio, estaremos menos expuestos a las tormentas que se perfilan en el horizonte, y que se ven incrementadas por el hecho de que haya tanta gente inflando los precios.

En ese sentido, para conseguir la libertad financiera toca seguir el camino díficil: estudiar. ¿Es caro? Sí. ¿Implica tiempo? También. Pero, en mi opinión, no hay otro vehículo con más garantías en el escenario actual (a no ser que puedas permitirte un avión).

Lo caro no es pagar la formación en finanzas. Lo caro es pagar el precio de no tenerla.

Una frase para la reflexión.

Consideraciones finales sobre el tema

Como digo, utilizo todo tipo de vehículos financieros. Este artículo no es un “corred a vender vuestros fondos”, ni todo lo contrario. Solo pretendo hacer ver mi perspectiva actual para quienes, como yo, busquéis la libertad financiera.

Creo que con las inversiones hay que ser abiertos. Tanto es así, es posible que mañana me meta en algo nuevo que encuentre, me guste y lo recomiende. Al margen de eso, considero que lo que generará resultados potentes en cuanto a rentabilidad es… invertir en acciones de empresas con negocios solventes. Quien sepa hacer un análisis de calidad, o buscar a quien se lo haga, tendrá mejores resultados que quienes apuesten por fondos indexados o de otro tipo.

¿Con toda garantía será así? No. Predecir el resultado de las inversiones es imposible. No obstante, sí podemos hacer conjeturas con el panorama actual, que promete una rentabilidad aproximada del 4% al 8% por anualidad para el S&P 500, por ejemplo. Eso significa que:

  • Asumamos una comisión del 1% de entrada y del 1% de liquidación por participar en un fondo.
  • Añadamos una inflación por anualidad del 1,5%.
  • Sumemos un 0,23% de impuesto sobre esa ganancia patrimonial.

El resultado es que subirnos al autobús del fondo S&P 500 nos sale a un 3,73% para una ganancia potencial neta del 4,27%. No está mal, pero a mí no me compensa en mis actuales circunstancias. Si cae, podría llegar a un -35% a – 55% sin ningún problema.

Ante tan escasa rentabilidad y tan alto riesgo, ahora mismo nos compensa movernos a otro tipo de vehículos de inversión hasta que pase la tormenta. Un ejemplo de empresa que tengo, Iberdrola, logró darme un +33% en el último año, con un nivel de riesgo inferior. Esa compra se la debo a mis conocimientos sobre value investing. No hace falta un acierto tan sonoro: con acertar al 10% de beneficio anual hubiera sido excelente.

Por lo tanto, por ahora mi plan será comprar acciones y mantener un perfil bajo en los fondos, que actúan como una pieza más de mi puzle financiero. Seguiré invirtiendo en empresas que tengan un modelo de negocio sólido y en el que creo. Pero, sobre todo, seguiré destinando recursos a formarme en este apasionante tema que es la economía.

Por supuesto, procuraré compartirlo con vosotros por aquí. Porque es un placer, y porque me gusta pensar que os ayudará a mantener y hacer crecer vuestros bienes. Salvo que me equivoque 🙂 Un abrazo.

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