Asertividad: un no a tiempo que quita mucha tontería

Asertividad: un no a tiempo que quita mucha tontería

La asertividad es un tema bastante más complicado de lo que parece.

Si le preguntas a cualquiera lo que es, y a pesar de la complejidad del término, comprobarás que muchas veces la persona tiene una sólida opinión formada. Es una palabra trendy, comercial. Y que confunde.

¿Qué es la asertividad? ¿Y qué NO es?

Cuando hablo de asertividad, me estoy refiriendo a la habilidad social de comunicar y defender con eficacia y la fuerza necesaria nuestros intereses.

Sin embargo, la asertividad no tiene nada que ver con no herir los sentimientos de los demás. Es algo que escucho a menudo, y que creo bastante negativo. Me explico.

A veces expreso opiniones contundentes en favor de mis intereses, que pueden sentar mal al otro. Con todo, no somos responsables de los sentimientos de los demás. Solo de los nuestros.

Por eso, cuando digo que ser antivacunas me parece de personas idiotas, estoy siendo asertivo. Esto se debe a que:

  1. Estoy defendiendo mis intereses.
  2. Lo hago con claridad.
  3. Mi comentario no es ofensivo en sí mismo (pues es una opinión), aunque reconozco que tiene el potencial de ofender. Como todo, supongo.

Esta noción me parece fundamental en los tiempos que corren.

A veces, defendiendo mis intereses me encuentro con la censura como respuesta a la asertividad. Un ejemplo visual:

Aquí tenéis una imagen que muestra bien la falsa asertividad/tolerancia que existe hoy en día.

La primera, que indica en gallego “me suda el coño tu puta opinión” es asertiva desde el punto de vista de lo socialmente aceptado. ¿Por qué? Porque está pensada para que la lleven mujeres que defienden el feminismo actual (lo sé porque la he visto en la tienda feminazi de mi barrio).

La segunda, sin embargo, se supone que no es asertiva. ¿Por qué? Porque defender que la teoría del patriarcado es estúpida no está bien visto socialmente. Así de sencillo.

Si hacéis la prueba y lleváis esas camisetas por la calle, podéis contarme el resultado.

Por eso hablo de que la asertividad exige una comunicación con la fuerza necesaria para defender una postura. No como una llamada a las armas, sino como la capacidad de tener el valor de decir lo que sea que uno tenga que decir, cuando sea que tenga que decirlo. De defender sus principios e ideas.

Decir no es importante… y sano

De vez en cuando conviene poner límites.

Me gusta mucho la metáfora de del doctor en psicología clínica John Townsend, cuando en su libro Boundaries dice algo así como:

Nuestra vida es un país, y somos responsables de gestionar sus fronteras. Tenemos el poder (y el deber) de decidir quién y qué entra o sale. No hacerlo tiene consecuencias desastrosas.

Es relevante el vínculo entre la asertividad y saber poner límites, que a menudo pasa por decir que no. Hay gente que tiene enormes dificultades con esto.

A todos nos pasa de vez en cuando. Pero tengo la impresión de que hoy en día nos cuesta más establecer y defender las fronteras. Por eso abundan los niños tiranos, la gente tóxica, los quejicas, el victimismo se cronifica y abunda la fauna defensora de causas tan tontas como la de no vacunarse.

Porque, mal que nos pese, un no a tiempo habría quitado mucha tontería. Y nos enseñaría todavía más.

Lo que está claro es que los hábitos se consolidan cuanto más repetimos una conducta. Es decir: cuando más hacemos una cosa, más se acostumbra nuestro cerebro a que sigamos haciéndola. Los factores externos influyen, pero nuestra naturaleza está ahí.

Lógicamente se incluye como hábito la capacidad de decir que no y establecer límites en defensa de nuestros intereses. No hacerlo supone favorecer el hábito contrario: decir a todo que sí, y dejar que otros gestionen nuestro “país interior”. Otros profesores de psicología como Jordan Peterson ya han señalado lo bueno que es saber decir no para las relaciones humanas sanas:

[youtube https://www.youtube.com/watch?v=4sGBOMiR0gc]

Partirnos la cara nos une y hace más fuertes

Todo esto de la asertividad lo toco porque es posible aprender y desarrollar esa habilidad. Podemos fortalecer el músculo del “decir que no y defender lo nuestro”, como siempre a base de práctica.

Ser asertivos implica que a veces tendremos que estar incómodos. A mí me sucede con frecuencia, diría que casi a diario, porque tengo muy claro lo que me interesa y lo que no. Lo expreso sin cortapisas, y me hace sentir genial, aunque también me cueste algún mal rato.

Como podréis deducir por el ejemplo de arriba, me río de la idea del patriarcado y del feminazismo actual. No estoy para nada de acuerdo, y lo expreso como hombre libre, pero también porque creo que no es constructivo para la sociedad en la que vivo.

Sin embargo, me da igual que la gente piense de forma opuesta, e incluso que carguen contra mis ideas. Una gran amiga me dijo el otro día que era un radical y conservador, en plan ataque. Defendí mi posición con argumentos, hasta que me hice respetar, pero no traté en ningún momento de quitarle su derecho a cagarse en el patriarcado. Al fin y al cabo, la asertividad implica tolerancia y libertad de expresión.

Fue una discusión de sobremesa, intensa y vehemente. Cada uno dijo lo que pensaba y, como nadie se tiene que ofender por eso, sirvió para ponernos al día. Esos límites, esas diferencias, nos ayudan a unirnos más. A entendernos. Podemos discrepar en ese tema, y no pasa nada.

De hecho, cuanto más nos apalean por defender una idea, más fuertes nos volvemos. Hay que ser capaces de soportar la opinión del otro, incluso si implica que la nuestra sea la contraria. Defender ideas en minoría exige un tipo de valor que se cultiva y nace con la asertividad.

La asertividad y la superioridad moral

Sucede que, cuando se da la casualidad de que eres asertivo fuera de los términos socialmente aceptados, la cosa se complica. Hay personas que confunden defender sus ideas con la superioridad moral.

Un ejemplo de ello lo he vivido tras las elecciones municipales de este año en España. Si dices que eres conservador y votas a la derecha es que eres facha, fascista y tonto. Si votas a la izquierda, todo correcto. No lo entiendo.

En mi caso, si voto a partidos conservadores es porque eso se alinea con mis pensamientos, mis valores y mis intereses (y los que defiendo para el mundo en el que vivo). Pero no me parece mal que otros voten lo contrario. E incluso que gane la opción contraria. Puedo defender mis ideas en la arena política con un votante de izquierda radical y seguir siendo tan amigos.

Ser asertivos implica considerar que el mundo sería aburridísimo si todo el mundo estuviese de acuerdo con nosotros. Perderíamos el estímulo de cambiar y crecer que trae consigo la apertura.

Así que en fin, os animo a expresar y defender vuestras ideas. A decir que no a lo que os hace daño. A cerrar la puerta a aquellos que os quieren mal. A expresaros libremente, porque eso os hace fuertes. A asumir la responsabilidad que supone ser libres de verdad.

Pero, por favor, sin creeros siempre en la razón. De verdad que esa superioridad moral es un rasgo feísimo, y un ejemplo de tolerancia selectiva como el de la foto de arriba.

Defended lo que es vuestro siempre, caiga quien caiga, con fuerza pero con humildad. La abuela de mi pareja siempre me dice: “no dejes nunca que nadie te pisotee”, como un mantra que aprendió a lo largo de su vida.

No establecer límites permite que el mundo degenere, y que la gente crea que puede hacer lo que le da la gana. Y no es así.

Por eso escribo este blog personal, digo que no y me expongo a que otros cuestionen mis ideas. Porque quiero desarrollar el músculo de la libertad, aunque a veces sea incómodo. Siempre encontraréis asertividad en este espacio donde la opinión es libre. Un abrazo.

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2 comentarios en “Asertividad: un no a tiempo que quita mucha tontería”

  1. Para mi, comprender y practicar el concepto de asertividad me ha aportado gran cantidad de beneficios, no solo a mi vida diaria, también a mi vida profesional. Siendo en este caso increíblemente eficaz. Saber decir que NO a un cliente a tiempo, mantenerme firme defendiendo los precios de un servicio, establecer unas pautas de actuación en cuanto a un proyecto cuando sabes lo que funciona y lo que no…

    Considero que el hecho de aprender esta disciplina (por llamarlo de algún modo) es responsable de un alto porcentaje de mi éxito profesional. Y eso que, confieso, hasta hace bien poco sabía que tenía un nombre. Creo que lo aprendí en un capítulo de “The Good Doctor” y me dije: “¡Ahhh! Entonces lo que yo hago con mis clientes es ser asertivo…”

    De hecho, el término “asertividad” debe ser bastante nuevo, porque mi corrector ortográfico-gramatical, lo señala como si fuera un error. XD. (Google ponte las pilas macho!)

    En cuanto al otro aspecto que has tocado, estoy de acuerdo con todo el artículo, pero le tengo que poner un apunte (que no una objeción). Lo que comentas aquí: “… Un ejemplo de ello lo he vivido tras las elecciones municipales de este año en España. Si dices que eres conservador y votas a la derecha es que eres facha, fascista y tonto. Si votas a la izquierda, todo correcto. No lo entiendo…” En mi humilde opinión, creo que aquí te estás dejando de llevar por el grupo social que te rodea y deberías abstraerte un poco más y verlo todo más en perspectiva. Esto ocurre con todas las posturas posibles y lo pude ver en gran cantidad de escenarios. Me explico:

    – Si propones ideas más afines a la derecha: como tú dices, te tachan de fascista, facha, anti-progreso…
    – Pero si propones ideas más del ámbito de la izquierda: eres un rojo, comunista, podemita, perroflauta, no miras por tu país…
    – Si dices que no votas: eres un vago, no tienes derecho a opinar, estás favoreciendo al partido contrario a mis ideas, no …
    – Si dices que votas en blanco: te estás intentando reír del derecho que los demás tienen a votar… (este argumento en especial me hace mucha gracia)…
    – Si no estás de acuerdo con ningún partido y no sabes qué hacer: chacho tienes que decidirte, no se puede ser tan chaquetero, hay que tener más personalidad…

    En definitiva, en cuánto al ámbito político, creo que a la sociedad todavía le queda mucho camino para saber respetar a los demás. El concepto de derecha o izquierda todavía se asocia demasiado al franquismo y al comunismo de una guerra perfectamente olvidable de hace 40 años.

    • Muy interesante conocer tu perspectiva, ¡sobre todo en lo del ámbito laboral! Creo que ahí es donde más se quema la gente por no poder límites.
      Sobre lo otro, y como curiosidad, me muevo en grupos sociales que son de todos los colores políticos (sobre todo de izquierdas). Pero realmente creo que estas cosas vienen más de ese lado que del otro (que también tiene sus cosas). Pero vamos, que en el fondo de la cuestión, estamos de acuerdo. Un abrazo grande!

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