31 años pensando qué camino tomar

Llevo unas semanas un poco más bajo de lo habitual.

Lo achaco en cierta medida a que en esta época estoy haciendo esfuerzos importantes, y eso cansa. No lo digo en plan quejarme: yo solito me meto en un mogollón de cosas.

Siempre me pasa lo mismo. Me vengo arriba con los proyectos y claro, al final me pasa factura. Aquí estoy, a las (casi) doce de la noche, escribiendo. Pero vaya, que nadie se preocupe, la vida sigue, tan normal.

Creo que lo que realmente me pesa, lo que quería traer a este blog personal, es que en épocas de estas nunca tengo claro si estoy yendo en la dirección correcta con todo eso que hago intento sacar adelante en mi vida.

Os cuento.

31 años, y sigo dando vueltas a lo mismo

Desde que puedo recordar, he sido un chaval con proyectos.

De pequeño escribía poesía, luego de adolescente iba a ser estrella del rock. Más tarde, un legendario maestro de escuela en algún país en guerra. Tras otras tantas cosas, hoy me veo como una suerte de aspirante a psicólogo influencer que intenta ayudar a la gente desde su rinconcito de Internet. Y aún voy a empezar la carrera… a los 31 años.

Tengo un trabajo a jornada completa, y un pequeño negocio como SEO copywriter (no busquéis el término, no es importante para esta historia). En unos meses me caso. Me apasionan la comunicación, las finanzas personales y escribir, especialmente libros sobre desarrollo personal o en este blog. ¡Ah! Y tengo un podcast.

Solo me sobra tiempo para sacar a pasear a mis perros. Para cuidar a tope de familia y amigos. Y leer.

Estoy hecho de todo eso, y de algo más que me dejo en el tintero. Sospecho que en realidad esas partes son en total la necesidad de expresarme. Cuando creo contenido como este post, tengo la sensación de conectar, de comunicarme contigo, que estás al otro lado.

Lo que más me ilusiona es que mis historias, esas que me rondan la cabeza en el día a día, tengan valor para ti. Que vengas al blog a echar un ojo y digas “esta idea me la guardo“. En algún momento a lo largo de esos 31 años, me di cuenta de que esas ganas de ayudar y compartir representaban mi verdadera vocación. En eso ando desde entonces.

¿Y si no me da tiempo a todo? ¿Y si no soy suficientemente bueno? ¿Y si, y si, y si?

De aquí a una parte, mi motor interior ha bajado de revoluciones.

No tiene nada que ver con mi historia con la ansiedad y el estrés. Sencillamente, estoy más tranquilo, más sensible y con menos energía que invertir o derrochar.

Por lo que me cuentan mis mayores, la vida fluye así para cualquiera. No podría asegurarlo, porque no la he vivido toda. Cuando iba a ser estrella del rock, era capaz de trabajar de sol a sol en la vendimia durante el verano para pagar a plazos mi bajo eléctrico. Hoy, si me tocan unas horas extra y a deshora, echo de menos estar en casa, con mi rutina de hombre prometido, perritos y libro.

Antes podía aguantar el tipo cuando mi pareja se iba a estudiar un máster al extranjero. Hoy, se me saltan las lágrimas de emoción cuando paso la tarde con mi ahijado o mi sobrino, y me doy cuenta de que crecen rapidísimo.

Tengo tantos asuntos importantes que atender, que a veces me frustro porque el motor ya no me da energía suficiente para mantenerme centrado en todo. Y no está mal que sea así, que ya os digo que antes hasta me pasaba de revoluciones. Solo es que a veces, imagino que como a ti, me entran las dudas. Del tipo:

  • ¿Y si no consigo sacar tiempo para trabajar, la carrera, mi side hustle y convertirme en un psicólogo preparado para ayudar a la gente?
  • ¿Y si no se me da bien, y Mr. Contraintuitivo nunca acaba de despegar?
  • ¿Y si hago tantas cosas que no acabo de hacer bien ninguna?
  • ¿Y si me despisto de lo importante, y me alejo de mi familia?
  • ¿Y si vuelve la ansiedad o me embajono y me entra una depresión?
  • ¿Y si? ¿Y si? ¿Y si?

Sumido en esos pensamientos, cuando estoy cansado porque no me da la vida, me pongo un poco melancólico. Es ahí cuando más nos atacan los malditos.

Lo mismo es que me exijo demasiado en unas cosas y demasiado poco en otras. No tengo ni idea.

¿Y si todo falla? Entonces escucha esa vocecilla en tu interior

Me fui de casa muy jovencito, creo que sobreviviendo con unos 428€ al mes (si no recuerdo mal). A veces te daba para comer, pagar la habitación y las facturas, y otras no. Cuando era que no, ponía a tope de revoluciones el motor, y salía adelante.

Escuchaba mucho la canción de Bruce Springsteen Born to runEn ocasiones tenía un montón de miedo a ir por la vida sin red (todavía tengo algo de eso), me sentía solo y muy vulnerable. Pero en esos momentos, en mi interior, sabía que si seguía adelante un poquito más y confiaba en mí, todo iría bien. Lo sabía con un nivel de certeza que no os podría transmitir aquí.

Como dice la canción, sentía que yo había nacido para correr. Esa idea me daba fuerzas para salir a comerme el mundo y jugármela a tope. Esa era la vocecilla de la que os hablo, que me ha guiado hasta estas líneas que escribo esta noche de 2019. No hay nada más poderoso que un hombre con una convicción.

[youtube https://www.youtube.com/watch?v=6db0jHlyPyA]

A veces es inevitable tener miedo. No creo que haya mucha gente que las tenga todas consigo, con la certeza de ir por la vida sacando el jugo a cada instante. Tal vez sí. Qué más da.

El caso es que voy conociéndome mejor, que ya son 31 años conmigo mismo. Cuando empezaba a formarme como persona, no tenía miedo a nada porque no era consciente de los riesgos y no tenía mucho que perder. Ahora que me he ganado unas pocas cosas, no quiero verme sin ellas.

Por eso, sé que esas inseguridades, ese bajón y falta de decisión no son sino un espejismo. Los y si que cualquiera se pregunta significan salir de la zona de confort. Exponerse.

Perseguir mi vocación de comunicar y aportar a otras personas representa escucharme a mí mismo y correr riesgos. Supone darme cuenta de que la vida es transformación. De que solo tienes dos manos, y tienes que agarrar unas cosas pero dejar ir otras. Que la gente viene y va, aunque duela. Y, como diría Neruda, que:

Nosotros, los de entonces, ya no somos los mismos.

Me realiza desarrollar mis proyectos partiendo desde la casilla cero. A pesar de los reveses, todavía siento que he nacido para correr. Mi corazón sigue siendo ese motor que da gusto escuchar cuando ruge. Estoy muy orgulloso de eso.

Así que bueno, si me entran los “¿y si?”, estoy cansado y no tengo claro si voy por el camino correcto… pues acepto que tengo mis días. Me miro en el espejo: la estrella del rock ha dado paso a un tipo muchísimo más normal, común y corriente.

Alguien que, con certeza, no va a ser capaz de todo. Pero que seguirá haciendo todo lo que sea capaz. A los 31 años, y visto el panorama, no es poco.

En días como hoy, escribo con la esperanza de hacer clic. De conectar contigo, que estás sentado al pie de esta hoguera, y charlar un rato para quitarnos el frío y las sombras de encima. Esa es mi verdadera voz. Eso es lo que he sido siempre, aunque hasta hace poco no lo sabía. Quizás ir a por esa nueva etapa es lo que me intimida, y de ahí la melancolía.

Crecer, cambiar, aceptar y dejar ir no es fácil para nadie. Por suerte, podemos seguir encontrándonos al calor de este hogar, al que siempre serás bienvenido, y donde esas cosas se llevan mejor. Un abrazo.

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