No fue hasta la madurez cuando entendí la importancia de saber cómo ahorrar un fondo de emergencia. Desde pequeñito me inculcaron la importancia del ahorro y la austeridad… pero se olvidaron de las nociones de finanzas personales. ¡Qué pena!

Me busqué la vida bastante temprano, y he sido económicamente independiente durante toda mi vida como adulto. Nunca pedí préstamos al banco, tuve deudas ni viví de mi tarjeta de crédito. Esa libertad me parece algo valioso para el desarrollo de las personas.

Los conceptos de ahorro y austeridad están en horas bajas hoy en día, lo sé. La gente no quiere no oír hablar del tema… hasta que les va mal. Por eso, pensé en aportar mi experiencia en esta entrada.

Tener un fondo de emergencia significa contar con la capacidad de poder mantenerte sin problemas durante seis meses. Ha de incluir, además, todo lo que sea tu responsabilidad (por ejemplo, tus hijos o tus mascotas). Es un fondo para la peor situación posible, y has de asignarle dinero como si no tuvieses apoyo de ningún tipo para hacerle frente: ni casa, ni coche, ni trabajo, ni familia, ni nada de nada. Solo ante la vida.

Si hacéis un estudio de campo, comprobaréis que la mayoría de las personas viven al día. Carecen de un fondo de emergencia, pero saben que algún día lo necesitarán. ¿Cómo es posible tal paradoja?

La gente no tiene ni idea de finanzas, y espera que alguien se lo arregle

Siempre me gusta hablar con datos.

En este caso, vemos que la tasa de riesgo de pobreza en España está más o menos igual desde la última década. A veces mejor, a veces peor. Parece que no avanzamos.

Cuando hablo de tasa de riesgo pobreza, me refiero a la probabilidad de que el año que viene tengas menos patrimonio que este. Es decir: lo que tienes – lo que debes = este año tienes menos que el anterior.

Sin embargo, nos venden la moto de que los ricos son más ricos como causa del problema. Y no es cierto. Si tomamos como referencia este potentísimo informe del 2018 del Banco de España, podremos comprobar que no es que los ricos sean más ricos: quienes gestionan mejor su patrimonio tienden a generar más riqueza. En España, en Finlandia y en la Patagonia. No somos un país con mucha preocupación por la economía o la inversión en comparación con otros. Y ese dato es la clave.

Porque los informes vienen desde la década de los 80. Hemos tenido gobiernos de todo signo y color en todas las comunidades del país. Hemos vivido auges económicos y crisis. Y nada ha cambiado demasiado. ¿Por qué? Porque sin conocimiento de finanzas no podemos cambiar nada ni aprovechar las oportunidades que se nos presentan. Mientras nos dé igual, seguiremos igual.

Los políticos no nos salvarán

Esperar a que venga el Estado, el ciclo económico o un político revolucionario a repartir igualdad económica es equivalente a rezar para que Dios parta con un rayo a nuestros enemigos. Esa idea del Deus ex Machina que te arregla la vida ya era despreciada por los filósofos griegos. Además, sería injusto para los que nos esforzamos en vivir de forma austera, aprender, invertir y ahorrar, ¿no? La igualdad de oportunidades no implica igualdad de resultados.

Todo este circunloquio nos lleva a este punto: olvídate de que otros te solucionen la papeleta económica, al menos si quieres ser libre y vivir dignamente.

Os pongo un ejemplo: tengo bastantes amigos y muchísimos conocidos en la cuerda floja (económica). No tienen un fondo de emergencia. Así que si pasa cualquier cosa, o viene un Deus ex Machina a salvar el día (en forma de papá, mamá, amigos o similares), o estarían ante un gran problema.

¿A quién van a llamar para evitar un desahucio? ¿A los políticos? De verdad: el Estado no va a salvar a nadie. No va ni a intentarlo, por más que nos cuenten milongas. Cuento con los dedos de las manos los políticos de España que tienen un mínimo conocimiento de economía, como para andar salvando al personal.

Por eso me da pena ver a tanta gente aspirando a vivir del Estado, de una paguita universal, de ser funcionarios o de la limosna que me toca si fundimos a impuestos al prójimo que gana más que yo. Esa es una mentalidad de víctima. Y nos hace mucho daño, porque nos aleja de la tabla de salvación: formarse, ahorrar e invertir. No hay otro camino.

Yo vengo de una familia humilde, con cero idea de economía. Mis padres no tienen estudios superiores. En los 90 la cosa iba bien para todo el mundo, porque había dinero a pesar de la desidia general en su gestión. Así que después, en la crisis, casi fuimos desahuciados por una deuda que no era posible pagar. Pintaba mal.

Recuerdo ir a vendimiar con 16 años. Repartí periódicos a las 6:45 de la mañana en una plaza de mi ciudad durante cinco años. Fui a la universidad porque conseguí becas por estudiar. Nunca he dejado de trabajar y aprender. Y hoy vivo dignamente, porque me lo he ganado. Y porque un buen día decidí leer algún blog de finanzas con reflexiones e ideas. Y porque me empapé de libros de inversión, de esos que hay gratis en las bibliotecas e Internet. Y, lo más importante: porque apliqué lo que aprendí de otros. No dudo que el Estado contribuyó a mi bienestar, pero no fue lo que me salvó.

Con las cartas sobre la mesa, vamos con esta pieza fundamental del puzle que es construir un fondo de emergencias. Algo me decía que era un tema importante: aprendí de mis padres que no quería ver a mi familia en esas circunstancias nunca.

Lo que puedes hacer para mejorar tus circunstancias: cómo ahorrar un fondo de emergencia

Ya hemos visto que ni políticos ni cambios en la economía nos salvarán. Toca hacerse responsables de lo único que podemos cambiar: lo que depende de nosotros mismos. ¿Qué puedes hacer tú para construir una economía mejor? Te comparto mi experiencia, por si ayuda.

Si eres como esos amigos y conocidos de los que te hablo, el primer paso sería echar un vistazo a tu motivación. No se trata de ahorrar por ahorrar, sino de cambiar el chip.

Mi pareja me decía hoy, y creo que con gran razón, que para ella el conocimiento de finanzas es parte del bienestar de la gente. Siendo ese un gran punto, un paso inicial y relevante es contar con un fondo de emergencia. ¿Por qué? Porque te aportará:

  • Seguridad: si pasa cualquier cosa, tienes un dinero al que recurrir. Recuerdo una vez que tuve que escoger entre salvar a mi perro y pagar las facturas. Fue uno de los peores meses de mi vida, en los que tuve que sobrevivir con casi nada para que mi pequeño amigo no se quedase tullido de por vida (tenía un añito); cuando se recuperó, tuve que darlo en adopción, porque me di cuenta de que si volvía a pasar, no podría proteger a mi perro. Fue durísimo para mí encajar eso, madurar, despedirme de él y darme cuenta de que sólo era eso: un adolescente irresponsable que se hizo con un perro cuando no podía ni mantenerse a sí mismo. Con un fondo de emergencia eso no habría pasado. La vida siempre se va a complicar. Siempre. No tener esta seguridad es andar en la cuerda floja sin red, sabiendo que en algún momento te caerás. Ahora tengo dos perros: saber que la red está bajo nuestros pies (y sus patitas) aporta una paz interior enorme que envuelve mi hogar.
  • Dinámica: mi experiencia es que, cuando la gente ahorra su fondo de emergencia, tienden a dar el siguiente paso natural, que es invertir. Cambian el chip. No conozco a nadie que gestione bien su patrimonio que no tenga unos ahorros de este tipo. Ni un caso.
  • Libertad: gracias a tus ahorros, tienes ventajas ante los desafíos de la vida y eres más libre porque no dependes de nadie para escoger. Yo podría bajar la persiana mañana cerrando todos mis proyectos, y plantarme en otro país para construir una nueva vida, financiando ese movimiento sin problemas. Puedo ayudar a un amigo en apuros (porque sí, al final también lo hago). Dar soporte a mi pareja en un sueño que tenga y que deje su trabajo (si quisiera). Puedo tratar a mi perro si lo necesita, y elegir al cirujano que me dé más seguridad para operarme el tabique nasal (caso real, jeje).

Probablemente existan otras ventajas que desconozco, claro.

De lo que estoy seguro es de que no conozco a nadie que se queje de tener ahorros a los que acudir ante la adversidad. Asumiendo que antes o después la vida llamará a nuestra puerta para darnos un guantazo, ¿por qué no prepararse?

Cómo ahorrar un fondo de emergencias en 5 sencillos pasos

Te suelto este rollo larguísimo porque a mí, Mr. Contraintuitivo, un tipo aleatorio de Internet, me preocupa que te veas en las circunstancias que yo pasé. ¡O peores!

Así que si te da miedo mirar a tu cuenta bancaria porque no sabes ni lo que tienes o debes, como le pasa a algún querido amigo mío, te propongo que intentes cambiar eso desde hoy. No hace falta que leas lo que yo leí (¡aunque te lo recomiendo!), pero sí que pongas de tu parte para mejorar tus circunstancias económicas sin depender de nadie.

¿Cómo lo haría yo si tuviese que empezar desde cero? Siguiendo estos cinco pasos:

  1. Pon tus finanzas en orden: analiza lo que tienes y lo que debes. Concreta la cifra que necesitarías para vivir seis meses si todo fuese mal (te recomiendo de seis a diez mil euros, dependiendo de lo probable que sea, tus responsabilidades, coste y nivel de vida).
  2. Necesitas tener ingresos: puede ser un trabajo por horas, a media jornada o todo el día. Puedes limpiarle el coche a tu vecino o cuidar los perros de alguien por horas. También puedes emprender algo pequeñito por Internet. Da igual. En todo caso, sin ingresos no se puede construir riqueza. Así que eso, empieza a generar dinero cuanto antes.
  3. Crea un presupuesto mensual: por suerte, tengo ya una entrada escrita sobre cómo hacer un presupuesto personal. Asigna un dinero cada mes a tu fondo de emergencia (te recomiendo el 15% de todos tus ingresos).
  4. Automatiza los pagos a ti mismo: dicen que lo más importante en finanzas es pagarse primero a uno mismo. Y creo que es cierto. Mi consejo es que configures una cuenta de ahorro con tu fondo de emergencia, de manera que sea más fácil ingresar que retirar el dinero. Destina el 15% de tus ingresos a esa cuenta tan pronto como lo recibas y, a poder ser, de forma automática (puedes programar una orden cada mes con tu banco).
  5. Repite el proceso y asigna extras: ahora que has configurado todo, solo es cuestión de ceñirse a tu presupuesto y esperar a que tiempo y esfuerzo obren su magia hasta alcanzar la cifra mágica. Por cierto, si eres capaz de generar ingresos extra, te recomiendo que destines el 50% de la cantidad a tu fondo de emergencia (hasta completarlo), y el otro 50% a lo que te apetezca.

Un pequeño bonus: qué NO hacer con tu fondo de emergencia

Tan importante es saber lo que uno debe hacer con su fondo de emergencia como lo que ha de evitar.

En ese sentido, hay algunas cuestiones que me parecen importantísimas para construir este pilar fundamental de las finanzas personales. Os las dejo en forma de consejos rápidos:

  • Es para emergencias: suena a tontería, pero lo digo por si acaso. No es una emergencia comprarse el nuevo iPhone porque el móvil que tengo no funciona tan bien o se me ha roto. Las emergencias son eso, situaciones críticas que pueden solucionarse con dinero. Ejemplos de ello es que tengas que arreglar el coche para poder ir al trabajo o que necesites unos meses de baja si eres autónomo. ¡Cuidado con esto!
  • Úsalo cuando lo necesites: tan importante como lo anterior. Cuando tengas tu fondo de emergencia en su sitio, tal vez suceda algo que requiera apelar a él, y tendrás dudas en utilizarlo. Si realmente te hace falta, no te cortes y aprovecha que lo tienes. ¡Es tu red para evitar el impacto al caer al vacío!
  • No olvides reconstruirlo: en línea con lo anterior, has de priorizar volver a llenar la hucha del fondo de emergencia en caso de acudir a él. Hasta el último céntimo, y de forma prioritaria. ¡No lo pospongas!
  • Su función no es generar beneficios: es proporcionar seguridad, dinámica, libertad y lo que sea que signifique para ti. No lo uses para financiar negocios, invertir en bolsa ni hacer préstamos. A efectos prácticos, el fondo de emergencia no existe hasta que se produce un evento crítico. No te preocupes si es un dinero que genera pérdidas cada año: tengo un seguro de vida que pago con gusto, y que aspiro a no utilizar jamás. Su función es darme tranquilidad y protegerme. Pues eso.
  • No dejes que se estanque: al igual que la inflación va a implicar que tu fondo deba ampliarse de vez en cuando, hitos como tener hijos o hipotecarse suponen que el fondo de emergencia cambie. Lo normal es que sea más escaso cuando eres soltero, crezca entre los 30 y los 40, se estanque en los 50 y empiece a bajar a partir de los 60, hasta desaparecer. ¿Por qué? Porque para entonces seguramente ya cuentes con los ahorros para protegerte sin necesidad de un fondo especial para eso.

Espero de verdad que este post os ayude si tenéis dudas sobre cómo ahorrar un fondo de emergencias. Y que os inspire un poquito a tomar las riendas de vuestras finanzas si es que no lo hacéis ya, para evitar que os pase factura como a tantos otros españoles y personas de otros países. ¡Ánimo con esos fondos! Ya veréis qué alegría y orgullo cuando los completéis. Os deseo lo mejor y os mando un gran abrazo. Eso sí, capitalista 🙂

Escrito por Mr. Contraintuitivo

Soy sólo un hombre más, pero en la treintena. Escribo este blog personal porque me gusta expresar mis ideas. Espero que os aporten algo positivo :) Escríbeme a mrcontraintuitivo(arroba)gmail.com

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